Empatía

El afecto como tranquilizante

Pero el afecto es el verdadero tranquilizante, un reconstituyente único. Se proyecta de persona a persona, sin paternalismo hacia las víctimas, una compañía valiosa que reconoce una fatal herida y una voluntad de tener otro porvenir mejor.  

Niño, ¿a dónde me bajo?

¿Dónde queda ese registro humano que nos lleva a la percepción y al sostén de aquel que es frágil y necesita ayuda? ¿Qué grito hay que sentir para reconocer en el otro su carencia, que está necesitado y que ayudarle es solo dar un paso, abrir un sobre, tocar el hombro, mirar un billete, quitarse los cascos y sentir curiosidad?

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