​Vivir en la intemperie

José Leal

Arrels2


Salí del despacho cuando ya la noche había caído. A escasos metros de la puerta un hombre hecho un ovillo yace en el suelo y a su lado descansa un hatillo repleto de objetos aparentemente inservibles. La gente que pasa lo esquiva. Me acerco a él. Respira apenas. Solo le veo la frente. Por la acera corren hilillos de un maloliente líquido. Hace un frío horroroso. Le pregunto y solo acierto a oír un muy leve gruñido. Me quedo a su lado. Hay que hacer algo. Si está mucho rato a la intemperie se agravará su tan frágil estado. Llamo a la ambulancia. Me cargan con un interrogatorio sobre mí y solo falta que me pidan mi número de tarjeta de crédito. Solo me preguntan si está borracho. Miento porque sé que no vendrían. Les digo que está enfermo. Es verdad también. Al poco se incorpora con la fuerza tremenda que solo tiene aquel que solo en si confía y lucha. Le sigo con cuidado por si llama la ambulancia y es necesario informarle del lugar donde nos hallamos. Se para antes de desfallecer y se sienta en un banco para reponer fuerzas si es que le queda alguna. Espero que llegue la ambulancia o, al menos, que me llamen. Eso no ocurre. Decido volver a mi camino sin saber cuál es el suyo. Creo que él, a su manera, busca su precario cobijo que hallará y en cuya soledad pasará la noche, como tantas otras noches. No sé que pasará. Puede ser que si las temperaturas bajaran drásticamente algún profesional de un servicio municipal o una ONG le lleve algo caliente o se le ofrezca algún albergue si hay plaza libres en alguno de ellos. Tal vez mañana me lo encuentre de nuevo de camino a mi trabajo, cargando con su peso y sus enseres. Todo lo que tiene va con él.


Alguien duerme en el cajero que hay camino de casa. Para protegerse de las miradas y cuidar su dignidad ha puesto un biombo aprovechando la funda de cartón de un frigorífico.


Mañana me encontraré con otras personas en similar situación. Debajo de la cornisa de la biblioteca, casi con solo el cielo como techo, duerme una persona, a veces dos. Es un lugar abierto en un chaflán donde confluyen la plaza y un callejón orientado hacia el norte por la que pasa el frío sin compasión alguna. ¿Cómo escogió ese lugar para dormir, tan frío? ¿Por qué no ha buscado su refugio en un lugar algo más resguardado?, me digo. Entre pasar miedo o pasar frío quizás optó por esta solución. Es razonable. Muchas personas sin hogar son agredidas en la calle mientras duermen. Decenas de personas mueren en nuestra ciudad a la intemperie. Muchas son agredidas por gentes desalmadas. Ocurre con más frecuencia de la que se cuenta. Recientemente leí en El Períodico, en Noviembre de 2017 unas declaraciones de un chico que con apenas 18 años, junto a otro quemó a una mujer en un cajero situado en una zona acomodada de Barcelona. "Me resulta incomprensible comprobar cómo pudo salir tanto odio de dentro de mí. Cómo pude llegar a ese punto de maltrato. Aún hoy, casi 12 años después, me parece imposible". Es difícil responderle. Tal vez el miedo al otro en quien se ve le lleva a la violencia. ¿De dónde nace el odio al otro, al otro desvalido? Dicen que aumenta el odio a los pobres. Parece que el término "aporofobia", que significa rechazo u odio al otro, en tanto pobre, ha sido escogido como la palabra del año, acuñada al parecer por Adela Cortina para designar un hecho tan despreciable. Quizás sea innecesario nombrar con otro nombre a lo que ya es nombrado. Quizás decir odiar a los pobres sea más descarnado que decir aporofobia como es más descarnado y mas real decir morirse de frio que pobreza energética. A veces las palabras nos alejan de la dureza de algunas realidades. Es más fácil decir personas vulnerables que personas vulneradas; aumenta la pobreza que aumentan los pobres; precariedad del empleo que explotación laboral, etc.


PRECARIEDAD


Cada vez hay más personas que viven a la intemperie en sus diversos grados y en distintos niveles de precariedad. Ya son evidentes los efectos desprotectores de las crisis económicas que se iniciaron hace unos diez años. La reducción del gasto público y el aumento de la presión fiscal han sido dos de los instrumentos de los estados para hacerles frente. El resultado de ello es que muchas personas han caído en una mayor precariedad y parece que en muchos casos se está convirtiendo en una situación irresoluble. Aumenta la desigualdad y muchas personas son arrojadas a la marginalidad y la pobreza. Ni siquiera el trabajo garantiza poder escapar a ese destino. Un trabajo por lo general precario, mal pagado y realizado en condiciones casi de esclavitud especialmente por aquellos, una gran mayoría, que no tienen una formación especializada. Algunos de ellos han hablado para el informe de Cáritas "Vidas precarias" donde cuentan el miedo que tienen a perder la casa, de sus ansiedades, del dolor, de los sentimientos de culpa, de las nuevas reglas que juegan contra ellos," frente a lo cual el informe hace una denuncia valiente: "la precariedad laboral destruye a la persona". Casi a la vez que el informe de Cáritas un diario económico titula "Caixabanc dispara su beneficio un 60% más en 2017" y "el BBVA un 31,50 % mas"; es muy duro preguntarse donde están los heridos de esos disparos pero todos lo sabemos.

Estas situaciones que generan precariedad son llamadas técnicamente determinantes sociales y tienen serias repercusiones sobre la salud y la calidad del vivir. Incrementan los problemas y necesidades de las personas y merman su autonomía. De la sensibilidad de las administraciones e instituciones depende la disposición de recursos para hacerle frente. Pocas veces hay propuestas de modificación de las causas y se instauran recursos para afrontar, muchas veces con escasos resultados, los efectos de condiciones de vida tan inhumanas como es gastarse más de la mitad del sueldo en una vivienda muchas veces inadecuada.


El desmantelamiento progresivo y descarado de lo que fue llamado el Estado de Bienestar está dejando al margen a un alto número de personas afectando especialmente a las mayores con bajas pensiones, mujeres con hijos y escasa protección, inmigrantes, personas sin empleo y, cada vez más, con empleo precario y en condiciones abusivas. Y añade una mayor dificultad a aquellas que ya, aun sin la crisis, tenían serias dificultades para el acceso al trabajo debido a dificultades de salud, movilidad o cualquier otro hándicap resoluble con soportes. Éstos cada vez son más limitados a pesar de las recomendaciones de organismos internacionales contenidos en informes como el elaborado por el Relator Especial de las Naciones Unidas para la Salud Mental en 2017 o la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.


CRISIS


Las crisis, además, están favoreciendo la pérdida de la capacidad instituyente de la comunidad -que está dando muestras de una capacidad asombrosa de soportar lo insoportable- y afianzando los intereses de las grandes corporaciones y grupos de poder económico y también político que, con frecuencia, distraen a la población de ocuparse de sus problemas reales con objetivos algunas veces adormecedores y alienantes. Mientras tanto las diferencias crecen y la vida cotidiana se hace insoportable para muchas personas y atentan a la dignidad que todo ser merece.


Releo a Platón, La República, capítulo 4 y me detengo "cada una de ellas es muchísimas ciudades (...) como mínimo dos, enemigas entre sí, la de los pobres y la de los ricos". Detengo la lectura. Y pienso. Esa enemistad está acompañada de una cada vez mayor indiferencia y prepotencia en unos; y en los otros cada vez más dolor, impotencia, resignación y abandono. La desigualdad aumenta y hace estragos no solo en quienes siempre tuvieron poco sino en muchos que tuvieron algo cuando era difícil pensar que ésto podía pasar y que luchan cada día para salir adelante; no siempre lo consiguen. Algo mas habrá que hacer. Si es entre todos, mejor.

Sin comentarios

Escribe tu comentario




No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.

Más autores
La normalidad es rara
Leer edición en: CATALÀ | ENGLISH