​Mircea: en busca de lo sagrado

Miquel Escudero

Stamp of Moldova


El rumano Mircea Eliade es uno de los personajes más fascinantes de la cultura del siglo XX. Nació en 1907 y falleció en 1986 (en Chicago, en cuya universidad enseñó historia de las ideas religiosas). Quiero deciros que el más célebre de los historiadores de la religión escribió excelentes relatos y novelas espléndidas.


Hoy traigo ‘Fragmentos de un Diario’, donde en 1945 decía que tenía miedo a dejarse “arrastrar por la erudición y la cultura universitaria en la que creo cada vez menos”, un asunto de encorsetamiento. Él admiraba mucho a Balzac, llegó a leer ocho o nueve veces su novela ‘Le Père Goriot’. Y reproducía unas líneas de una novela primeriza del autor de La comedia humana: “pronto cansados de dar sin recibir (los pocos hombres válidos) se quedan en su casa y dejan reinar a los tontos en su terreno”. ¿No es actual esto, extrañamente actual? Y ahora oíd esto otro, decía que le obsesionaba ver al hombre aplastado y disminuido por la ‘civilización industrial’, pero que no podía creer que degenerara totalmente: “Tengo una confianza sin límites en la fuerza creadora del espíritu. Tengo la impresión de que el hombre logrará –si quiere- permanecer libre y creador en cualquier circunstancia, cósmica o histórica”. El asunto es cómo redescubrir la dimensión sacramental de la existencia. Silencio.


Para Mircea Eliade cuando algo ‘sagrado’ se manifiesta, algo ‘se oculta’ y se hace críptico. Por el solo hecho de mostrarse, lo sagrado se esconde. “No podemos pretender que entendemos definitivamente un fenómeno religioso”. Algo, acaso lo esencial, será entendido más tarde, o por otros en el mismo momento, de otro modo. El pensamiento es circunstancial. Tenía Eliade treinta y dos años cuando escribió que siempre le había parecido que los libros escritos por aficionados eran más refrescantes y de mayor relieve que los de los profesionales de la pluma. ¿Nos resulta esto estimulante? Bueno, sólo para quien quiera escribir. Seis años antes, en su impresionante novela personal ‘Maitreyi’, Mircea refería y enmascaraba una historia de amor truncada que le afectó profundamente, y señalaba: “Mi cuerpo sólo era pura herida, mi alma se había evaporado”; “volveremos a encontrarnos en la vida futura, cariño mío. ¿Me reconocerás entonces?” Oigo murmullos al fondo. ¿Y tú qué dices, silenciosa Ruth, qué te parece? 

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