​Ser sujeto, ser objeto

Román Pérez Burin des Roziers

TIC


De un tiempo a esta parte constato que en los artículos o las presentaciones que realizo las reflexiones siempre van en relación a la actualidad. Claro que es un hecho corriente que se hable de lo que está sucediendo, de situaciones del presente, con una cierta mirada hacia el futuro próximo. Pero la cuestión de la actualidad introduce un elemento diferencial, una referencia al pasado, a algo diferente respecto a lo que venia sucediendo. Quizás sea un reflejo del cambio de época en el que estamos sumergidos.


Una época marcada por las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación), aquellas que llamábamos las nuevas tecnologías, pero que desde hace ya unos años son tecnologías actuales.

En estos tiempos marcados por la inmediatez de las comunicaciones y de los intercambios, parece que las definiciones y las respuestas a todo tipo de situaciones, incluidas las de carácter personal, hayan de ser también inmediatas. En sintonía con ello, la mejor cualidad que puede tener una respuesta o una definición es que sea rápida, y si es breve entonces ya dos veces buena.


Esta inmediatez en las respuestas y en las definiciones no permite pensar, y nos deja expuestos a no atender ni tener en cuenta la complejidad de algunas situaciones de la vida. Hay un tiempo que es necesario para poder pensar, para poder conectar con lo propio, para poder asociar. Incluso un momento para no saber, el de la ignorancia que pone en marcha una interrogación, una búsqueda.


En esta línea parecen inscribirse la multiplicación y la proliferación de los protocolos de gestión y funcionamiento en instituciones, organismos y servicios en los ámbitos de salud, de educación y el social. Unos protocolos que parece que el beneficio que proporcionarían es asegurar el carácter objetivo de la intervención, del procedimiento, y su carácter aséptico, es decir, neutral, frio y sin pasión según la definición del diccionario. Da la impresión que lo mejor que se podría decir de un profesional es que actuó siguiendo el protocolo. Cabe destacar también que el cumplimiento del protocolo exime de responsabilidad al profesional y le protege a nivel legal.


Nadie pone en duda que haya que establecer protocolos en tanto que son un instrumento, un recurso necesario y conveniente en algunos ámbitos y situaciones. Ni que hayan de ser periódicamente revisados y contrastados en función de las experiencias de su aplicación. El problema radica en la multiplicación y la proliferación de esos protocolos, en su obligado cumplimiento, y en la sobrevaloración de sus méritos y virtudes.


En el campo de las ciencias humanas o ciencias sociales, el factor subjetivo siempre está presente, tanto del lado del profesional como del lado del usuario o beneficiario.


Los protocolos no pueden ni deben sustituir otras formas de procedimiento y de intervención, aquellas que son guiadas por el saber y la experiencia de cada profesional, y que incluye también a la intuición profesional, aquella que viene con los años de experiencia. Hablar de cada profesional es hacer un reconocimiento de una pluralidad y una riqueza de concepciones teóricas y técnicas, aquellas que cada profesional sustenta desde su ética y desde su libertad de elección.


DIVERSIDAD


Las intervenciones y las actuaciones de los profesionales de la salud, la educación y del ámbito social han de tener en cuenta la particularidad de cada persona y de cada situación. La diversidad de las personas y de las familias son elementos de la riqueza humana, de la gran variedad de formas que adopta la subjetividad humana y de su inmensa complejidad. Tenerlo en cuenta es lo que permite llegar a saber y a comprender los problemas y las necesidades de la población. Algo que requiere tiempo, conocimiento y reflexión.


En la actualidad se ha ido imponiendo un ideal de objetividad como sinónimo de verdad, de saber verdadero. Un saber que excluye la dimensión subjetiva inherente a nuestra condición humana, que remite de forma simplista a una dimensión biológica de lo humano. Este ideal de objetividad es también objetivante, coloca al ser humano como objeto: objeto de estudio, objeto de protocolo, objeto a clasificar, objeto del mercado. Un ser objeto que ha de responder a determinados patrones de normalidad objetiva, so pena de ser clasificados como patológicos.


Una muestra de este funcionamiento lo podrían constituir los llamados frikis o friquis, palabra que recoge el diccionario de la Real Academia y define como extravagante, raro o excéntrico. Lo que podrían ser consideradas formas de subjetividad particulares, diversas, como parte de esta gran variedad humana, parece que pueden ser normalizados solo al precio de ser etiquetados de alguna manera.

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