Platero, mirado por dentro

Miquel Escudero


JRJimenez



Juan Ramón Jiménez ganó el premio Nobel con su inolvidable Platero y yo, que os recomiendo muy de veras que lo leáis, porque os enriquecerá. Un detalle curioso suyo es que declarase que había regalado a Rubén Darío las poesías de Rosalía Follas novas. Hoy traigo preparada una miscelánea de versos, a ver qué os parecen. He pensado también en vosotros, mis queridos estudiantes. Sabéis que no dejo de ser torpe en esta tarea. Vamos allá. Juan Ramón era un incubador de soledad. “¡Cada instante de sol, cada hora de lluvia,/ me evocan un momento de dicha… de amargura!/ porque lo bello que no vuelve es triste, más triste que lo que siempre fue ausencia y orfandad…”.


¿Qué quería vivir este hombre? Parece que ansiaba una vida apartada del mundanal ruido, con suficiente ocio para gozar de la belleza muda: “¡No me tienta la gloria. Sólo una vida en paz,/ rica de los tesoros del amor y la lira,/ en una estancia dulce, solitaria, serena,/ llena de libros bellos, con flores, encendida!”. Un lugar, pues, donde pudieran llegar los buenos amigos y hubiera sitio para la mirada conmovida, y “que el lujo y el rumor se queden para otros”. El único y verdadero lujo vital es mantener las últimas nostalgias, “cosas lejanas, hondas y mustias, cosas que vienen y van envueltas en tenues músicas”. Y si hablamos de personas y de su identidad, entra en función un desdoblamiento: “Yo no soy yo./ Soy este/ que va a mi lado sin yo verlo;/ que, a veces, voy a ver,/ y que, a veces, olvido./ El que calla, sereno, cuando hablo,/ el que perdona, dulce, cuando odio,/ el que pasea por donde no estoy,/ el que quedará en pie cuando yo muera”. Por eso, debe decirle a la muerte que a todos espera: “yo no seré yo, muerte,/ hasta que tú te unas con mi vida/ y me completes así todo;/ hasta que mi mitad de luz se cierre/ con mi mitad de sombra”.


Así pues, “¡Intelijencia, dame/ el nombre exacto de las cosas!/… Que mi palabra sea/ la cosa misma,/ creada por mi alma nuevamente”. Sí, con j; cosas de JRJ. Al final, en el tránsito de esta vida “habrá estrellas y flores/ y suspiros y fragancias,/ y amor en las avenidas/ a la sombra de las ramas./ Y sonará ese piano/ como en esta noche plácida,/ y no tendrá quien lo escuche/ sollozando en la ventana”. Sí, todo esto es muy literario. Pero si extiendo mis brazos hacia el cielo, necesitaré a mis pies, hondos en la tierra.


1 Comentarios

1

Maravilloso!

escrito por Eduardo 13/abr/18    21:05

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