La esperanza

Carmen P. Flores

En estos días que hemos presenciado en primera o segunda fila, depende, el asesinato de 140 estudiantes en Kenia, a manos de quienes solo pretenden implantar el terror por el terror; las 32 muertes por accidentes de coche o moto; las muertes de varios personajes conocidos, y no sabemos el número de anónimos, y de haber practicado la caridad con uno mismo, que es igual al egoísmo supremo, volvemos a la realidad diaria, con la esperanza de que haya cambiado alguna cosa.

En estos días que hemos presenciado en primera o segunda fila, depende, el asesinato de 140 estudiantes en Kenia, a manos de quienes solo pretenden implantar el terror por el terror; las 32 muertes por accidentes de coche o moto; las muertes de varios personajes conocidos, y no sabemos el número de anónimos, y de haber practicado la caridad con uno mismo, que es igual al egoísmo supremo, volvemos a la realidad diaria, con la esperanza de que haya cambiado alguna cosa.

Pero todo vuelve a ser igual. "Las decepciones no matan, y las esperanzas hacen vivir", decía George Sand. Con esa frase, que muchos aplicamos para seguir adelante y marcar nuevos objetivos sin caer en la decepción, desánimo o frustración, nos ponemos manos a la obra de informadores, opinadores, o espectadores de una realidad que cada uno ve con matices diferentes.

Nos está tocando vivir a los periodistas tiempos interesantes, informativamente hablando, aunque algunas personas utilizarían otros calificativos. Los preámbulos de las elecciones municipales nos van dando pistas sobre lo que puede suceder el 24 de mayo, con toda la demagogia que están derrochando los partidos políticos "con solera" y los que aspiran a quitársela. Todo es como un tobogán que produce vértigo a los mayores y cosquillas en la barriga a los más pequeños.

Por eso, hay que tomárselo con mucha tranquilidad y con la cabeza muy fría para que no nos vendan historias de esas para no dormir. Cuando aún no se conoce el reto de compañeros de viaje que van a tener los cabezas de lista para concurrir a las elecciones, lo cierto es que los pactos, listas contra natura, "independientes" que no lo son tanto, más de uno que vive de los apellidos de sus papás, y los oportunistas de turno formarán parte de ese viaje hacía las puertas de los miles de ayuntamientos catalanes y españoles. Pero hay muchos de los que se presentan que han hecho de la política su profesión, que no su vocación, y por ello matan. ¿Cuántos años llevan muchos de ellos ocupando cargos municipales?

Se habla de delimitar los mandatos, pero nunca se ha llegado a ningún acuerdo, porque quienes lo tienen que hacer son los mismos que no quieren dejar sus cargos. Es la pescadilla que se muerde la cola. Algún día, digo yo, veremos la limitación de los mandatos, yo tengo la esperanza de que eso sea así, aunque "la esperanza es un buen desayuno pero una mala cena".

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