Los otros discursos

Manuel Fernando González

Les pido disculpas por haber dejado colgados en el discurso del Rey sin haber hecho referencia ni al mitin- rueda de prensa de Rajoy, ni tampoco al paso de Pablo Iglesias por la cacharrería catalana, que ha sido ruidoso y sentido para toda la clase política del país.

Les pido disculpas por haber dejado colgados en el discurso del Rey sin haber hecho referencia ni al mitin- rueda de prensa de Rajoy, ni tampoco al paso de Pablo Iglesias por la cacharrería catalana, que ha sido ruidoso y sentido para toda la clase política del país. La ausencia de esta sección hay que atribuirla a un inoportuno contratiempo más que las fiestas navideñas que siempre nos sirven de excusa a los periodistas para escaquearnos insolidariamente. No obstante, presentadas las excusas correspondientes, entro inmediatamente en faena.

Por lo que parece, ni el estirado Moragas, no la aplicada Vice-todo Soraya, han podido explicarle a su Jefe y el de todo el Gobierno Mariano Rajoy lo que está pasando realmente en este país llamado España. Le tienen tan dedicado a salvarnos económicamente, que ,ninguno de los dos, le ha advertido que la macroeconomía de Bruselas y Bonn no acaba de coincidir con la microeconomía de los ciudadanos de la calle, que, por mucho que se esfuerzan, no acaban de encontrar en sus bolsillos los euros que necesitan para poder sacar su familia adelante, y que sus finales de mes no son los mismos que los de los europeos del norte, sino más bien un calco de los del sur según la aguja de la brújula mira hacia Grecia.

Y por si este contrasentido no fuera suficiente, está lo de la corrupción política, que los periodistas tenemos la monomanía de colocar en "primera" cada día de la semana, en la que los populares van primeros en la clasificación por equipos, seguidos, esos sí, muy de cerca, por Convergencia, PSOE y sindicatos de clase que está a punto de pillarles a poco que se esfuercen. Si a eso le sumamos lo de las carencias escandalosos en la sanidad, los servicios sociales, los comedores infantiles y por supuesto los desahucios, nadie entiende que el discurso de Don Mariano haya pasado sobre todo eso sin inmutarse lo más mínimo, dándose además el aire de que su acción de gobierno es casi un calco del milagro alemán de la postguerra.

Si las elecciones municipales y autonómicas que se avecinan no le devuelven el sentido común al Presidente del Gobierno, es que lo suyo es de dimisión irrevocable o tal vez, como vaticinan algunos politólogos de Madrid, de reunión en Monasterio, donde los notables de su partido le convenzan que lo mejor para él es marcharse, antes que "las generales" dicten la sentencia final. Amargo trago, aunque no tan duro como el que tuvo que soportar Adolfo Suárez con "los generales" en Enero de 1981 con la cómplice ausencia del anterior Rey.

¿Y quién gana de todo este estado de cosas? Pues, de momento, Podemos, cuyo líder pasó por Barcelona para contarnos que lo de la Independencia hay que discutirlo democráticamente, o sea: un no pero sí. Que Pedro Sánchez toma el pelo a los catalanes con la reforma de la Constitución. Y sobre todo, que Artur Mas lo que quiere es negociar con Mariano, pero, por arriba, para que todos nos quedemos en Catalunya asombrados con la maniobra especialmente los partidarios de la soleada Ítaca. Un pasmo que se ha trasformado en ira de los dirigentes de Convergencia que califican a los de Iglesias de Caballo de Troya del independentismo catalán. Una exageración que es fácilmente comprensible, si tenemos en cuenta el agujero que los de "si se puede" ya le han hecho al PNV en las encuestas del Euskobarómetro que pueden ser perfectamente trasladables al mapa electoral catalán.

Así pues, como diría el gran Jose Maria García: Pablo, Pablito, Pablete, sigue con su lenguaje directo causando estragos allá a donde va, y promete en el 2015 no soltar las partes nobles de sus adversarios hasta que consiga colarse en el parlamento español como ¿segunda fuerza política del Estado? tras haber ensayado sin despeinarse en los comicios precedentes arriesgándose lo mínimo con efímeras alianzas.

A ver qué pasa, que muchas son las cosas que van a suceder y mucho me temo, que no nos van a caber todas en tan solo 365 días. Despidan pues, lo mejor que puedan el año con los suyos y que lo que venga sea para bien de los que menos tienen, que ya toca. Yo brindaré con Freixenet y que cada cual lo haga como mejor le parezca. ¡Feliz año nuevo!

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