La coherencia de un juez

Manuel Fernando González

No podía ser de otra manera, el Juez Castro, fiel al criterio que ha mantenido durante casi toda la instrucción, ha decidido sentar en el banquillo, por primera vez en la historia, a una infanta del reino de España. A partir de este hecho relevante, se pueden emitir todas las opiniones que se quieran, pero la coherencia del Magistrado es más que evidente e incluso, más que necesaria.

No podía ser de otra manera, el Juez Castro, fiel al criterio que ha mantenido durante casi toda la instrucción, ha decidido sentar en el banquillo, por primera vez en la historia, a una infanta del reino de España. A partir de este hecho relevante, se pueden emitir todas las opiniones que se quieran, pero la coherencia del Magistrado es más que evidente e incluso, más que necesaria.

El que luego Cristina de Borbón sea condenada o no, es cuestión de argumentos a su favor y pruebas en su contra, algo de lo que se ocuparan las defensas, la fiscalía, y sobre todo la acusación particular de Manos Limpias que se ha quedado sola ante el Tribunal, dispuesta a disfrutar de su momento de gloria si la sentencia es condenatoria. De momento, ya se ha apuntado un tanto a su favor, al haber conseguido convencer al Juez instructor de que la hermana del Rey debía sentarse en el banquillo pese a la opinión contraria del Fiscal Horrach.

Y si todo esto ha pasado, es porque la Judicatura está dispuesta a ajustar cuentas con la clase política del Estado, Monarquía incluida, ya que "los tiempos son dados" para que la sociedad española, bastante escandalizada por los numerosos casos de corrupción, descubra para que sirve el Estado de Derecho y la Ley con mayúsculas, con todas las limitaciones que sabemos que existen. Toca, pues, entrar a fondo en lo que ha significado el caso Noos, y a partir de ahí, seguir hasta el final para que todo aquel con responsabilidades públicas que haya metido mano en la caja común, sea juzgado y si procede, condenado a cumplir con la sociedad a la que le ha tomado, sin lugar a dudas, el pelo sin el menor escrúpulo.

Es, pues, éste auto del Juzgado nº 3 de Palma de Mallorca, un hecho relevante en la historia de este país y como tal, hay que celebrarlo sin echar las campanas al vuelo, porque éstas y otras cosas que iremos viendo, nunca acaban como uno desea, sino con matices siempre importantes. No obstante, siendo un mal día para el nuevo Monarca, en cambio, sí lo es para la mayoría de sus súbditos, que de la condición de siervos de la gleba en la que algunos los habían colocado con sus actos hasta ahora impunes, han pasado a recuperar su orgullosa condición de ciudadanos libres e iguales ante la ley, aunque muchos, aun aspiremos a algo más con aroma republicano. Pero eso lo dejamos para otra ocasión.

Manuel Fernando González
Editor
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