CUBA LIBRE

Manuel Fernando González

Se despide el año con una de las noticias más importantes de los últimos cincuenta años: la vuelta de embajadores cubano y norteamericano a las embajadas de ambos países. Era el penúltimo bastión de la guerra fría, en alguna ocasión casi guerra de misiles, que quedaba por conquistar por un mundo cada vez menos civilizado, al que ya solo le queda del pasado el régimen norcoreano por reconvertir a la ortodoxia internacional.

Se despide el año con una de las noticias más importantes de los últimos cincuenta años: la vuelta de embajadores cubano y norteamericano a las embajadas de ambos países. Era el penúltimo bastión de la guerra fría, en alguna ocasión casi guerra de misiles, que quedaba por conquistar por un mundo cada vez menos civilizado, al que ya solo le queda del pasado el régimen norcoreano por reconvertir a la ortodoxia internacional.

La pregunta es ¿por qué norteamericanos y cubanos se han decidido a dar ahora este paso? Por lo que parece, en el caso del Imperio, la clave está en que éste es el último mandato de un Presidente, que habiendo despertado todas las esperanzas cuando llegó a la Casa Blanca, se iba a ir de ella con un pobre bagaje en su maleta de logros y, por lo tanto, necesitaba como primer hombre de color que llegó al despacho oval , despedirse con algún logro significativo por el que le recordara la historia. Y éste de acabar con la guerra con los Hermanos Castro y deshacer el inhumano bloqueo a la Isla no era de menor cuantía y por supuesto, imprescindible para volver a ostentar el liderazgo continental en medio de tanta democracia bolivariana que ya comienza a dar síntomas de cansancio pese a su todavía vigente fuerza propagandística.

Como los Castro tampoco se querían ir de este mundo, sin el logro de hacer ver al mundo que su "revolución" había hecho doblar la mano al país más poderoso de la tierra, pues, era lógico que pusieran en interés en dialogar sobre una salida pacífica a este contencioso que les dejara en un lugar honorable antes de irse a saludar al Che Guevara de nuevo y que la democracia tocara a su puerta derribándola de una patada.

Está bien lo que bien acaba, pero este proceso ha de completarse definitivamente, más que con la escena de la Rendición de Breda con la del abrazo de Vergara, para que las dos partes no se sientan heridas en su amor propio y recaigan en la tentación de reemprender una vuelta atrás en cualquier otro momento, ya que republicanos, "habelos hailos", y devotos de Sierra Maestra también.

Celebremos este hecho histórico con un buen cuba libre elaborado con el mejor ron cubano y la tradicional coca-cola yankee, y aprendamos como seres humanos de esta pelea entre vecinos, para que nunca volvamos a repetirla.

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