PRIM , LA HISTORIA Y LA MEMORIA

Joan Ferran

Últimamente se oyen, y leen, tantas memeces en los medios de comunicación que a uno le entran ganas de discutir algunos tópicos, aunque solo sea para incordiar.

Últimamente se oyen, y leen, tantas memeces en los medios de comunicación que a uno le entran ganas de discutir algunos tópicos, aunque solo sea para incordiar. Se atribuye indistintamente a Winston Churchill, o a George Orwell, la famosa y sobada frase consistente en afirmar que la historia la escriben los vencedores. Pasando de paternidades, a un servidor le gustaría apostillar algo al respecto: los perdedores también intentan escribir, o reescribir, la historia. ¡Ei! Y los ingenuos, y los zumbados, y los faltos de cariño, y los visionarios? Hoy en día todo el mundo se atreve con la historia. Lejos quedan derrotados, como el griego Tucídides, gran narrador de las guerras del Peloponeso; más cerca quedan los seis millones de euros empleados por el Govern de la Generalitat para glosar el Tricentenario de otra derrota. Eso sí, al gusto de consellers y comisarios políticos de turno.

Decía Eduardo Galeano que es cierto eso de que la historia la escriben los ganadores, pero añadía: "a parte del botín también se quedan con la memoria". Siguiendo la moda imperante la historia y sus personajes se prodigan en discursos de políticos y declaraciones solemnes. Mariano Rajoy afirma sin inmutarse que eso de la crisis ?aceptemos la redundancia- "ya es historia pasada" ¡Que desfachatez! Obviamente no voy a atormentarles con los viajes rumbo a Ítaca descritos en la supuesta Odisea a la catalana. No, está muy visto. Pero ruego me permitan la licencia de comentar, sin malicia, el uso que ha hecho el Felipe VI de la figura y la memoria del general Prim calificando su 'seny' como un patriotismo irreductible que dedicó generosamente a España entera. No pienso discutir las virtudes castrenses de Prim. Sin duda las tuvo. Tampoco voy a poner en cuestión su trayectoria como político liberal. No voy a abominar de él, como hacen algunos nacionalistas, recriminándole haber bombardeado la ciudad de Barcelona. No es de recibo interpretar la historia sacándola de su contexto. Ahora bien, intento tan solo comprender que oscuras intenciones han llevado al monarca a citar, y glosar, al general que bajo el grito ¡Abajo los Borbones! pugnó por instalar en España la dinastía de los Saboya. Joan Prim fue un gran militar pero también un gran conspirador anti borbónico.

¿Tendrá razón Eduardo Galeano cuando nos dice que los vencedores pretenden quedarse incluso con la memoria de sus adversarios?

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