Los golfos acabarán con el fútbol

Manuel Fernando González

Anda el mundo del fútbol revolucionado por la llamada "Violencia de los ultras", unos sujetos que han entrado en los estadios sin que, "al parecer", se hubieran dado cuenta los presidentes de los clubs, ni tampoco las autoridades competentes que durante muchos años han visitado reiteradamente la zona noble de los campos de fútbol sin que su "astuta" mirada pudiera observar que, en los fondos norte y sur, se agrupaban un grupo de energúmenos que se pasaban todo el partido ocupando asientos "gratis total", e insultando a quien les parecía oportuno.

Anda el mundo del fútbol revolucionado por la llamada "Violencia de los ultras", unos sujetos que han entrado en los estadios sin que, "al parecer", se hubieran dado cuenta los presidentes de los clubs, ni tampoco las autoridades competentes que durante muchos años han visitado reiteradamente la zona noble de los campos de fútbol sin que su "astuta" mirada pudiera observar que, en los fondos norte y sur, se agrupaban un grupo de energúmenos que se pasaban todo el partido ocupando asientos "gratis total", e insultando a quien les parecía oportuno.


Tras la batalla campal en las riberas madrileñas del Manzanares con el asesinato de uno de estos "angelitos" mientras la policía llegaba tarde al escenario del crimen, parece ser que se ha tocado fondo, y ahora "todos" corren a convertir los mismos estadios en sucursales de Santa María del Mar o, si lo prefieren, de la mismísima Catedral de Santiago de Compostela, donde el silencio de los fieles solo se ve interrumpido por el ir y venir del botafumeiro centenario que provoca, como cuando Messi coge la pelota y se va al área contraria, murmullos de admiración entre la masa que lo contempla extasiada.


Al final, nos quedaremos sin ultras, sin Messi y hasta sin botafumeiro, que buena falta le hace a este país, que necesita de todos los recursos existentes para poder emplearlos en comedores infantiles, asistencia digna al tercer sector, sanidad y ya, también, para arreglar los miles de baches que empiezan a tener las carreteras y las calles de nuestras ciudades.


Pero miren ustedes qué listos son los dirigentes del balón para camuflar las cosas que pasan, que al ponernos delante de las narices lo de la violencia ultra, han sabido ocultar en la categoría de un tema menor, lo del despilfarro y los lujos innecesarios en los que se mueven estos sinvergüenzas, mientras sus conciudadanos lo están pasando fatal.


Hoy, miércoles, sin ir más lejos, tenemos Champions en el Nou Camp, como ayer la hubo en varios grandes estadios de media Europa. Y en este día de futbol continental en que los vips campan a sus anchas, llega a Barcelona Nasser Al-Khelaïfi, un quatarí que nació jeque y multimillonario y es dueño del PSG, y que por su "natural" condición y para atender a sus más de cien invitados, necesitará todo un espacio del Museo Núñez en el que los invitará a ternera con setas, anchoas de L´Escala y jamón de Jabugo en muy generosas cantidades. No será el único anfitrión, ya que Michel Platini dispondrá en otra área próxima al palco de su Hospitalty UEFA, en el que la cocina francesa con exquisiteces como el gallo al vino, la sopa bullabesa o el surtido de los admirados quesos galos llenará estómagos agradecidos y seniors de primer nivel. Por si todo eso no fuera suficiente, la directiva del Barça de Bartomeu, que tras llevarse en la noche del martes a cenar al Celler de Can Roca al jeque, a sus acompañantes parisinos, al representante de CiU en la directiva, y hasta a los escoltas, con lo que eso cuesta, también agasajará a los que vengan al palco con otro recital de cava y canapés, suficiente como para dar de comer a todos aquellos que esa noche duerman al raso en las calles de la capital de Catalunya porque no tienen 5 euros para pagarse una mísera pensión.


Y que todo esto se haga a costa del fútbol cuando griegos, italianos, portugueses y españoles salimos cada día a protestar porque estamos hasta los mismísimos de los recortes de la troika, de la Merkel, de los desahucios de los bancos y hasta de los escándalos de la iglesia en Granada. ¿No les parece a ustedes que el problema fundamental de este deporte espectáculo, no son solo los ultras o los insultos al trencilla de turno y sí, en cambio, el dinero fácil que se derrocha a raudales alrededor de los palcos que ocupan sonrientes y satisfechos, directivos, dirigentes federativos y políticos de todo tipo, sin que se les caiga la cara de vergüenza ni tengan que acudir a ninguna comisión parlamentaria para dar una explicación de sus actos?


Lo que les decía, y siempre les diré mientras pueda escribir: Estos golfos acabarán con el fútbol, mientras que a los socios y seguidores que además pagan como tontos, les exigirán que se comporten como las santas y venerables Hermanitas de los pobres cuando vean los partidos del equipo de sus amores masacrado, esa tarde, por los errores del equipo arbitral o la desidia de alguna de sus figuras, eso sí, aterridos por un frío que pela, o recocidos por un sol asfixiante, cuando no empapados por la lluvia invernal...

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