Llega la Navidad 

Agustín Rodríguez

Agustín Rodríguez

Llega la Navidad. Nuestro espíritu quiere estar en paz y armonía. Suenan los villancicos, se inauguran los pesebres vivientes, las ciudades engalanan sus zonas comerciales. Sin apenas darnos cuenta se ha consumido un año más y nos encontramos inmersos en la dinámica navideña. Dinámica de compras, de gastos, de planificación de las comidas con la familia. De la elección de regalos para todos. Y de gritos de silencio de las tarjetas de crédito.

Llega la Navidad. Nuestro espíritu quiere estar en paz y armonía. Suenan los villancicos, se inauguran los pesebres vivientes, las ciudades engalanan sus zonas comerciales. Sin apenas darnos cuenta se ha consumido un año más y nos encontramos inmersos en la dinámica navideña. Dinámica de compras, de gastos, de planificación de las comidas con la familia. De la elección de regalos para todos. Y de gritos de silencio de las tarjetas de crédito.

Es una época muy propensa, para ganar algunos kilos de más por esas comidas interminables, en las que no falta el chupito para "bajar" la comida o el polvorón a media tarde después de haber ingerido 12.000 calorías para cerrar otra jornada gastronómicamente plena de excesos.

Quién más quien menos celebrará una comida o cena de empresa.... si es que encuentra algún restaurante que tenga mesa disponible. Hace varias semanas que los locales de restauración están colgando el cartel de completo. Todas las reservas están ya hechas. Y un buen amigo reflexionaba sobre la idoneidad del momento de hacer la reserva. ¿ Cuando hay que reservar la cena de la empresa? Tal vez en agosto?. En septiembre es un buen momento? Parece claro que cada vez hay que hacerlo con más tiempo.

Otros asunto es la elección del menú. El primer condicionante de los que vamos a comer es quién se encarga de elegirlo. Hay que tener en cuenta si es cena o comida. Lo primero permite rematar la velada con una copa, Dios sabe donde. Y la segunda hacer una sobremesa lo suficientemente larga para no volver por la tarde a la oficina y ayudar a la digestión. Deberemos elegir si carne o pescado, si entremeses o pica-pica. Habrá que tener en cuenta los que estén de dieta. A los celiacos, a los hipertensos, a los obesos, a los abstemios, y también a los alcohólicos. ¿Debemos elegir un lugar cerca o lejos del trabajo?. Pondremos transporte colectivo organizado o cada uno se desplaza en su vehículo?. Un encuentro navideño de la empresa conviene preparalo bien. Vestiremos de manera informal? O bien decidiremos ir en corbata, como si fuéramos de boda?

Y para rematar la cálida ocasión de encuentro entre compañeros, hacemos amigo invisible? O simplemente nos hacemos los invisibles directamente?. Claro que llegados a este punto habrá que contar con los que no son amigos de las fiestas en grupo y deciden no venir. Deben pensar que tanta hipocresía repartida durante 364 días no queda compensado con un encuentro superfluo y prescindible.

Al fin y al cabo, al día siguiente volveremos a encerrarnos en nuestro lugar de trabajo, para criticar el lugar escogido por la empresa para ofrecer la comida de navidad; y criticar el menú, el cava, el vino servido, los entremeses, y hasta a los camareros. Aunque sea con espíritu navideño.....

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