Se espera un verano caliente en la sanidad catalana

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Salud garantizará por ley una espera máxima para todas las operaciones pero flexibilizará tiempos

Purificació González.- Se han empezado a caldear los animos en dos equipamientos sanitarios clave dentro del entramado sanitario catalán, Vall d'Hebron y Bellvitge . En ambos hospitales el cierre de plantas está empezando a escenas de desesperación de facultativos y pacientes.  El verano se presenta caliente si no se toman medidas correctoras desde el Departamento presidido por el conseller Boí, que vuelve a tener la tijera a mano para darle un nuevo recorte a la capacidad de camas disponibles en los hospitales catalanes.

De ahí que esta semana en Bellvitge por ejemplo los mismos profesionales junto a muchos ciudadanos se hayan encerrado en plantas de este hospital para reivindicar el no cierre de más plantas del hospital. Ahora también se le han unido a las protestas los médicos de urgencias de Vall d'Hebron denunciando un empeoramiento de la calidad asistencial de la atención en las urgencias de este gran hospital en una carta a los responsables del departamento de Salut, al Institut Català de la Salut y a su propio centro. "Hemos llegado a tener pacientes durante cinco días pendientes de ingreso", reconoce el jefe de urgencias, Xavier Jiménez. Ese atasco satura el espacio -mejorado al final del año pasado- y limita la capacidad de actuación de los profesionales.

Las urgencias del hospital general de Vall d'Hebron atienden cada día a entre 250 y 300 pacientes, según sea verano o invierno. Aunque sorprendentemente, este mes de junio la estadística se ha parecido más al invierno (270 de promedio). De ellos, alrededor de 40 suelen quedarse ingresados. "Pero la disponibilidad de camas actual del hospital deja cada día un promedio de tres de esos pacientes sin cama. Cada día, otros tres. Ayer, tras un puente de bajón de pacientes, amanecimos con 55 pendientes de ingreso y de ellos cuatro estaban desde el día 23 y trece desde el 24. Hemos llegado a tener 120 personas esperando cama", explica el doctor Jiménez.

Mientras para la la dirección del Vall d'Hebron el problema es más complejo que si hay o no camas donde ingresar a los pacientes y les parece una interpretación reduccionista de la situación. El año pasado, el hospital llevó a cabo un plan de mejora de la atención de urgencias desde distintos flancos. Duplicaron el número de cubículos para observación y los dotaron de baño, cama (no camilla) y espacio y asiento para acompañante. Fue una mejora notable para quienes no salen de urgencias durante muchas horas, unos a la espera de que su situación se estabilice y puedan irse a casa, otros hasta que haya sitio en el hospital, en el Pere Virgili o en Sant Rafael, los centros que se ocupan de pacientes menos complejos de Vall d'Hebron y que este año ampliaron su oferta de camas disponibles. La inversión pretendía reducir el volumen de pacientes en pasillos. "Pero sorprendentemente, han vuelto a llenarse", reconoce el gerente, José Jerónimo Navas.

Los médicos se quejan de que trabajan al límite y eso es agotador y arriesgado. Si lo óptimo es que en urgencias cada uno vea 4 o 5 casos graves al día, están viendo el doble.

Asimismo, el Hospital Germans Trias i Pujol está derivando pacientes de la lista de espera quirúrgica en el Hospital General de Catalunya, propiedad de IDC Salud, que recientemente fue noticia porque se ha hecho con el control del grupo Hospitalario Quirón, convirtiéndose en una de las mayores empresas sanitarias europeas. Lo que supone, otra vez, que la reducción de presupuesto público encuentra su otra cara en aumentar la compra de servicios sanitarios a empresas privadas, según ha denunciado este viernes CCOO.

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