Un discurso diferente

Manuel Fernando González

Ha sido el del nuevo Rey Felipe VI un discurso muy diferente al que siempre les hemos escuchado a su padre, durante su largo reinado. Es lógico que así sea, ya que estamos ante una nueva generación que afronta la difícil tarea de unir un país que tiene a millones de ciudadanos en paro que además han sido tratados injustamente al obligarles a abandonar su casa a porrazos, precisamente.

Ha sido el del nuevo Rey Felipe VI un discurso muy diferente al que siempre les hemos escuchado a su padre, durante su largo reinado. Es lógico que así sea, ya que estamos ante una nueva generación que afronta la difícil tarea de unir un país que tiene a millones de ciudadanos en paro que además han sido tratados injustamente al obligarles a abandonar su casa a porrazos, precisamente. Por quienes son los principales causantes de su desgracia económica y social. Son tiempos tan difíciles como los que ya algunos conocimos en la Transición, y ese nuevo estado de la nación requiere un Jefe del Estado distinto y eficaz.

Ver a los Presidentes Mas y Urkullu de brazos cruzados al final del discurso real, forma parte, desgraciadamente, de la escenificación que muchos esperábamos, como ya lo fue en su día el desapego e incluso la deslealtad de los gobiernos catalán y vasco a la entonces segunda República, que ahora tanto se reivindica. Lo que importa es que ambos dirigentes han estado sentados al lado del de la otra comunidad tan histórica como las suyas, o sea, la de Galicia, y que las tres, se han visto reflejadas en el discurso del nuevo Rey con citas explicitas y muy evidentes para que puedan ser interpretadas libremente por catalanes, vascos y gallegos para que puedan hacerse su propia opinión que puede o no coincidir con la de sus honorables Presidentes.

La llamada a la ejemplaridad monárquica: "Hoy más que nunca- ha dicho- los ciudadanos demandan con toda la razón que los principios morales y éticos inspiren que la ejemplaridad presida nuestra vida pública", ha sido otro de los detalles significativos del este discurso de Felipe VI. La semana que viene o la otra, la monarquía española tendrá que pasar la dura prueba de la posible imputación de Cristina de Borbón y todos volveremos, entonces, los ojos hacia la Zarzuela y hacia al propio monarca, en busca de cualquier detalle que denote su respeto a las decisiones al Juez que ha tenido el valor de afrontar el caso Nos con una entereza que ha engrandecido al estado de derecho en nuestro país pese a que algunos poderes "fácticos" han intentado torpedear su labor.

Ha sido en resumen un discurso laico, ¡ya tocaba!, renovador y cercano, lleno de guiños a sus compatriotas más débiles o golpeados por el terrorismo, y también, aunque no se hayan dado por enterados, a los nacionalistas catalanes y vascos, y por supuesto a los que además somos gallegos. Su reconocimiento público a la Reina Sofía era más que necesario, ahora que la mayoría reconocemos su profesionalidad y su sentido de Estado aunque éste llegue tardíamente. Ojalá que la nueva reina que la sustituye puede desarrollar también su trabajo con pulcritud y ayude a su esposo el Rey a unirnos a todos para que este país pueda vivir en paz y en permanente progreso hasta que los españoles decidan otra cosa, si es que la deciden.

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