El mejor de los Borbones

Manuel Fernando González

Han pasado ya 39 años de la Historia de España en casi un suspiro. Y no han sido fáciles, ni para el Rey que acaba de firmar su abdicación ni para los que los ciudadanos que hemos tenido la oportunidad de protagonizarlos plenamente. Es, quizás, el periodo de nuestra convivencia en común más democrático que siempre han soñado vivir nuestros antepasados, sin que tuvieran la inmensa fortuna de saborearlo.

Han pasado ya 39 años de la Historia de España en casi un suspiro. Y no han sido fáciles, ni para el Rey que acaba de firmar su abdicación ni para los que los ciudadanos que hemos tenido la oportunidad de protagonizarlos plenamente. Es, quizás, el periodo de nuestra convivencia en común más democrático que siempre han soñado vivir nuestros antepasados, sin que tuvieran la inmensa fortuna de saborearlo. Ellos han sido los que peor lo han pasado, sufriendo todo tipo de calamidades e incluso perdiendo su vida y hacienda para que las generaciones venideras disfrutaran de un país más libre y más próspero. Al final, ha merecido la pena que un Rey Constitucional llamado Juan Carlos I pudiera desarrollar su reinado durante casi cuarenta años, y pudiera pacífica y sobriamente designar a su sucesor.


No ha sido nada fácil todo esto y merece la pena que no lo olvidemos, especialmente los más jóvenes, que por estar mejor preparados y nunca haber conocido la sordidez de una Dictadura, podrían creer que este Rey que se va no ha hecho otra cosa que dejar que su yerno se enriqueciera, o que a él lo que realmente le gustaba, era cazar elefantes. Seguramente todo eso es cierto, porque forma parte de su condición humana en la que también hay defectos personales ya muy conocidos y generosamente jaleados por nosotros, los periodistas y sus enemigos políticos. Pero no es eso lo único que ha hecho este Rey campechano y coñón sino otras muchas cosas que a este republicano de convicción no le cuesta ningún trabajo reconocer, porque este Rey, mi Rey constitucional y democrático, ha sido, con mucha diferencia, el mejor Monarca de la historia de España, desde que un noble llamado Pelayo inició una guerra por recuperar las tierras de sus antepasados.


Nadie podrá decir, pasados cien años, que el acto de la abdicación se parecía en algo al que tuvo que protagonizar Juan Carlos I cuando pudo recuperar el trono que no tuvo más remedio que devolverle el general Franco, que acababa de fallecer muy a pesar suyo, y de los jerarcas de su Régimen, tras mantenernos a todos bajo su bota durante una larga y tenebrosa Dictadura. En el abrazo de padre e hijo, vestidos de paisano, hemos contemplado, sobre todo, que la normalidad democrática es la herencia más preciada que nos deja el que ahora ha tenido el valor de abdicar con el mismo temple con el que hace ya 39 años se sacó de la manga una Transición que nos permitió recuperar una débil Democracia a la que gente de todas las ideologías y experiencias colaboró con una generosidad nunca vista en toda la Historia de España.

Si ese talante se hubiera vivido, por ejemplo, en los años en que la II República ganó legítimamente las elecciones que la llevaron al poder, posiblemente hoy muchos españoles no estarían buscando todavía en las cunetas o en las fosas comunes repartidas por todo el país a sus seres más queridos, porque la tragedia de la Guerra Civil nunca se hubiera producido.


El Rey que se va de motu propio ha devuelto a sus conciudadanos las libertades que le habían sido arrebatadas por la fuerza de las armas y a las que tenían todo el derecho democrático .Y solo por este hecho, merece la pena que todos le tengamos respeto, y los que quieran como yo, agradecimiento. Ojalá que el nuevo monarca tenga el mismo acierto que su padre e incluso más. A mí no me importaría no conocer la República si los años que vienen mejoran la convivencia y la prosperidad que ahora tenemos, porque con ello ganamos todos, aparcando esas viejas ilusiones que todos tenemos metidas en nuestro corazón.


Habrá que intentarlo apasionadamente y, sobre todo, habrá que evitar que unos pocos arrojen al mar que nos rodea geográficamente por todas partes, menos por una, que nos une a Europa, el generoso legado que nos ha dejado tras treinta y nueve años de apasionante reinado el mejor Borbón de toda la historia de España, el ya abdicado Rey Juan Carlos I. Gracias, Majestad, y enhorabuena, lo ha hecho V.M. de sobresaliente para arriba.

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