El discurso de Felipe VI

Manuel Fernando González

Si hacemos caso a la votación, diputado por diputado, celebrada en el Congreso en este miércoles 11 de junio, tendríamos que decir que la inmensa mayoría del pueblo español quiere a Felipe VI como Rey y acata democráticamente la abdicación de su padre Juan Carlos I. Y, sin embargo, no sé por qué presiento que la resaca del histórico debate nos deja un regusto a incertidumbre monárquica.

Si hacemos caso a la votación, diputado por diputado, celebrada en el Congreso en este miércoles 11 de junio, tendríamos que decir que la inmensa mayoría del pueblo español quiere a Felipe VI como Rey y acata democráticamente la abdicación de su padre Juan Carlos I. Y, sin embargo, no sé por qué presiento que la resaca del histórico debate nos deja un regusto a incertidumbre monárquica, a tenor de alguno los discursos pronunciados en la Cámara, en los que varios grupos que tendrán más voz parlamentaria en un futuro próximo, se han pronunciado claramente en contra de la Monarquía y también han puesto en duda la actual configuración constitucional.

Si esos grupos parlamentarios no se le sumaran las voces que, ahora mismo, se escuchan en la calle, lo sucedido en el interior del edificio de la Carrera de San Jerónimo no tendría más relevancia que un cotidiano rifirrafe parlamentario pero, como los vientos que ahora soplan en las calles y plazas de España reavivan el pavoroso incendio que quema el ánimo de los ciudadanos, muy indignados por lo que ahora es su vida familiar y laboral, pues resulta que, sí o sí, acerca más la votación del Congreso a una realidad virtual que a una realidad más dura y prosaica para el futuro del nuevo monarca que es la que ya vivimos diariamente.


Es verdad que en el Congreso no se discutía un cambio de Régimen sino una renovación de la figura del Jefe del Estado en la persona de un nuevo Rey. Pero, al hacerlo, se ha invocado una Constitución que incluso la mayoría de los diputados ha reconocido que necesita cambios y no de calibre menor. El que, el que será Felipe VI, sea capaz de ponerse al frente de ese pelotón de "descontentos" constitucionalistas y contentar de paso a independentistas irredentos es, en principio, el gran reto que se dibuja en el horizonte, en el que también aparecen otras difíciles empresas como, por ejemplo, que el PSOE de toda la vida sea capaz de encontrar un líder joven que vuelva ilusionar a sus votantes, para que los socialistas de la generación de Surennes se puedan jubilar apaciblemente dando paso a un nuevo PSOE, que se pueda mantener como pilar político de referencia, sin que las fuerzas políticas y sociales que le sobrepasan por la izquierda, cercenen definitivamente su grupo parlamentario y lo envíen al pelotón de las minorías congresuales a la altura de Izquierda Unida, UP y D o Convergència i Unió.


Por eso, el discurso de Felipe de Borbón en la jornada de su juramento constitucional va a provocar una desmesurada expectación que, tanto monárquicos como republicanos- y por supuesto independentistas catalanes y vascos-, van a analizar con lupa para poder así afianzar sus argumentos a favor o en contra de la actual configuración del Estado. Ojalá que todos seamos capaces de escuchar esa intervención con una actitud libre de prejuicios ideológicos, porque con ese estado de ánimo, seguramente seremos todos más pragmáticos y, por lo tanto, más sabios a la hora de elegir libremente nuestro futuro en común.

Sin comentarios

Escribe tu comentario




No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.


Más autores
Opinadores
Leer edición en: CATALÀ | ENGLISH