Torpes y lentos

Manuel Fernando González

Si nuestros políticos de los dos partidos mayoritarios pudieran observarse ahora mismo con la perspectiva del tiempo, seguramente se reirían de sí mismos al contemplarse tan torpes y lentos en todo el proceso que se va desarrollando a lo largo de estas semanas para cambiar la Jefatura del Estado tras la abdicación del Rey.

Si nuestros políticos de los dos partidos mayoritarios pudieran observarse ahora mismo con la perspectiva del tiempo, seguramente se reirían de sí mismos al contemplarse tan torpes y lentos en todo el proceso que se va desarrollando a lo largo de estas semanas para cambiar la Jefatura del Estado tras la abdicación del Rey.


A saber, han caminado durante 32 años al ritmo de la tortuga boba para no prever legislativamente que, un día, el monarca podría dejar de reinar por la vía de la abdicación y ahora se encuentran en medio de un lío social de "mil carallos", como le llaman en mi Galicia natal, porque se les ha ido la mano en la solución de los problemas de la gente y ésta se les ha sublevado en las calles, y lo que es peor: En las urnas.


Por si fuera poco, nadan en un océano de corrupción del que piensan salir a flote, Dios sabe cómo, paseando por la orilla del lodazar, olvidándose de que, a cualquier instrucción, siempre le sucede un juicio y luego una sentencia, que de ser inculpatoria, les condenará a la cárcel y también al retiro político de por vida. Y no estamos hablando de segundas o terceras filas de dirigentes partidarios, sino de primerísimas figuras con mando gubernamental, diputados de Parlamentos históricos, alcaldes y concejales de ciudades importantes e incluso hijos de algún "español del año".


Y en esto se escucha en el Senado un rotundo ¡Viva la República!, pronunciado por un senador de Izquierda Unida que reivindica lo que los Santiago Carrillo, Dolores Ibarruri o Ignacio Gallego no se atrevieron a pronunciar en igual tono en la Cámara baja a su vuelta del exilio, porque habían firmado un pacto con la Monarquía tras su legalización. Al escucharlo, a muchos se les ha ocurrido que ese es el camino hacia al futuro, pero a otra cantidad tan importante de gente les ha sonado a cuerno quemado porque creen que el Rey de la Transicion que renunciaba a sus privilegios no se merecía que un político del tercer escalón le tratara con tan poco respeto a las pocas horas de anunciar su marcha. El fantasma de "las dos Españas" asoma de nuevo en la imaginación de los más viejos, y con él el enrocamiento de la derecha que no se ha hecho esperar. Mientras, el poco socialismo que sobrevive entre la militancia del PSOE, resurge con fuerza obligando a "la casta de Ferraz", que diría el joven Pablo Iglesias, a recomponer la figura para que no se note demasiado que, bajo las siglas de esa formación centenaria, se esconde el más puro y radical republicanismo fundacional.


Por ser lentos y torpes, estamos donde estamos y a Rajoy le ha explotado en las manos la bomba catalana, y no tardando mucho, le reventará el reactor nuclear vasco que, como el de Chernóbyl, duerme un peligroso letargo tras la guerra contra ETA y su no reconocida derrota. Por ser optimistas, que no lo somos, los ciudadanos creemos que al final todo va a encajar en su sitio, porque los electores son más listos y más pragmáticos que sus "elegidos" que, en cada ciclo electoral, serán depurados por la vía del escrutinio para luego desaparecer de nuestras vidas "In sæcula sæculorum", que diría Rouco..


Tendremos un nuevo Rey y también a una señora divorciada y republicana que será su reina consorte, los cuales, tras una ceremonia laica, que eso está muy bien, iniciarán un reinado que nace con los mismos vaticinios temporales con los que comenzó el viejo monarca, citado reiterativamente durante los años setenta por la radio Pirenaica que escuchábamos algunos por las noches como "Juanito el Breve". Apelativo que, tras 39 años de ininterrumpido reinado, han tenido que "tragarse" todos los miembros destacados de la Platajunta, pero también los generales golpistas que esperaban que los españoles corrieran a gorrazos a Don Juanito en la Plaza de Oriente por su "traición" a los Principios fundamentales del Movimiento que impusieron los vencedores de nuestra Guerra civil.


¿El que padre e hijo coincidian en los augurios de brevedad es una buena señal para Don Felipe? ¡Chi lo sa?!, pero, lo cierto es que la cadencia de los acontecimientos aconseja ya al nuevo Jefe del Estado que tenga definida una estrategia, como ya la tuvo su padre y que, para desarrollarla, se busque un Torcuato Fernández Miranda y un Adolfo Suárez y no un Torres-Dulce cualquiera que le ayuden a conectar con un país que, antes o después, querrá cambios muy profundos que solo están al alcance de grandes estadistas y no de los políticos torpes y lentos a los que me he referido al comienzo de esta reflexión, que comparto con ustedes, porque no quiero que ustedes piensen, por lo mucho que leen estos días, que los periodistas que se mojan a favor de la gente han desaparecido de la faz de la tierra. Si el nuevo Rey no lo hace, allá él, pero a mí me parece que, si ahora propiciara un Referéndum sobre Monarquía o República, es muy posible que aún pudiera ganarlo y eso, no es un hecho menor, sobre todo si quien lo cree es un viejo republicano.

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