Superdraghiman al rescate

Manuel Fernando González

Nadie sabe en qué va a acabar esta crisis, pero lo que parece claro es que, si no la superamos pronto, la economía de los países del sur de la Unión Europea entrará en la ruina total afectando los cimientos del Mercado Común que diseñaron con pragmática esperanza, pero esperanza al fin y al cabo, en la postguerra Adenauer, Schuman, Monnet y Gasperi, entre otros. Y eso lo sabe perfectamente el actual Presidente del BCE, Mario Draghi, trasmutado esta vez cual personaje creado por Siegel y Shuster en Superdraghiman y nos salva de la voracidad de los mercados pero, sobre todo, del inmovilismo de los bancos a la hora de prestarle dinero a clientes y pequeñas empresas que son los auténticos motores del gran consumo.

Nadie sabe en qué va a acabar esta crisis, pero lo que parece claro es que, si no la superamos pronto, la economía de los países del sur de la Unión Europea entrará en la ruina total afectando los cimientos del Mercado Común que diseñaron con pragmática esperanza, pero esperanza al fin y al cabo, en la postguerra Adenauer, Schuman, Monnet y Gasperi, entre otros. Y eso lo sabe perfectamente el actual Presidente del BCE, Mario Draghi, trasmutado esta vez cual personaje creado por Siegel y Shuster en Superdraghiman y nos salva de la voracidad de los mercados pero, sobre todo, del inmovilismo de los bancos a la hora de prestarle dinero a clientes y pequeñas empresas que son los auténticos motores del gran consumo.


Penalizar a aquellos banqueros que dejan sus depósitos en el Banco Central para ganar dividendos fáciles y obligarles a mover el circulante no es un tema menor, como tampoco lo es bajar los tipos de interés al 0,15 por ciento y, de paso, ofrecer cuatrocientos mil millones de euros destinados al crédito. Son medidas posiblemente tardías para países como España, Italia o Portugal, cuyos ciudadanos han sufrido lo indecible pero que, después de lo vivido, todavía pueden significar un soplo de aire renovado para que, por ejemplo, autónomos y emprendedores se puedan lanzar al relanzamiento de sus negocios con dinero a precios razonables, que es lo único que piden. Si a los consumidores nos dieran créditos al 0,15 por ciento, imagínense cómo cambiaría el panorama.


Si, además, el Ministro de Hacienda deja de perseguir fiscalmente a ese sector tan castigados por el paro y los desahucios y se concentra preferentemente en las sicavs o las grandes multinacionales que siempre pagan lo mínimo pese a sus enormes volúmenes de liquidez, seguramente estos países que les he citado tendrían unos recursos públicos formidables que devolverían a sus ciudadanos el estado de bienestar que gobiernos demasiado serviles, por no llamarles de otra manera menos exquisita, le han hecho perder de una manera cruel y deshumanizada.


Es tan bonito todo este "olograma" financiero que, "qué quieren que les diga", no acabo de creérmelo si no alcanzo a verlo, por lo que les recomiendo que ustedes tampoco me lo compren, aunque este periodista se lo relate con la mejor intención.

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