Oswaldo Payá, el cambio desde dentro

Redacción

VICENÇ

Conocí Oswaldo Payá a mediados de los años noventa. En diciembre de 1997 abrí la corresponsalía de TVE en La Habana, eso me permitió un contacto más directo con la llamada "oposición interna". Ante una dialéctica históricamente muy agresiva entre La Habana y Miami, él era un hombre de la isla que se basaba en la misma constitución para presentar una propuesta democratizadora, el Proyecto Varela. Llegó a recoger las 10.000 firmas que requería la constitución de 1970 y las presentó legalmente. Democratacristiano, en comparación con otros opositores, me sorprendía de él una visión moderada y sobre todo, una coherencia en su vida personal. Nunca dejó de trabajar como empleado del ministerio de salud pública. No vi en él privilegios en la vida cotidiana que sí observé en otros.

Quiero recordar aquí una anécdota. Creo que era del año 1999 antes de la Cumbre Iberoamericana en La Habana. Una mañana, por la calle, cerca de su casa, nos encontramos con su esposa casualmente. Nosotros llevábamos la cámara. Ella una toalla y un pijama . Estaba muy nerviosa. Nos dijo que la policía había retenido a Payá y que no sabía qué pasaría con él. La entrevistamos. Lo enviamos por satélite, a través de la televisión cubana, y la noticia salió en el telediario. Aquella noche Payà salió libre. Supimos que fue gracias a una intervención, una llamada directa de Josep Antoni Duran Lleida al Consejo de Estado cubano que lo habían liberado. Duran i Lleida lideraba la Internacional Demócrata Cristiana y tenía muy buenas relaciones con Fidel Castro. Por la noche le llamó Payà para agradecerselo .

Unos años más tarde. Justo después de que reviera el premio Sajarov en el Parlamento europeo, Payá pasó por Washington donde yo era corresponsal. Le recuerdo en una reunión en la fundación que dirigía Madeleine Albright y después en una conferencia magistral en la Universidad de Georgetown. Allí se me quedó un argumento que yo creo que era lo que más definía en aquel momento a Oswaldo Payá. Él pedía un paso atrás en Miami y decía que la transición cubana tenía que hacerse desde dentro. Con el consenso de las fuerzas opositoras y de fuerzas reformistas del régimen, pero desde dentro de Cuba, no dirigido ni protagonizado por grupos de fuera. Entendía que cuanto más protagonismo tuvieran los Estados Unidos o las fuerzas radicales de Miami, menos posibilidades habría de evolución. En aquel momento, con la administración Bush, con la estela de Mas Canosa no era fácil hacer esta afirmación ante los exiliados. Y él fue valiente donde tenía que serlo.

Sin saber las circunstancias de su muerte, coincido con el profesor Joaquim Roy de Miami, cuando dice que si el accidente de coche no fuera fortuito, el principal perjudicado sería el régimen. La lógica me dice que cuando un líder moderado, demócrata, desaparece, a corto plazo los que se creen ganadores son los extremismos. No está claro a largo plazo.

Vicenç Sanclemente Garcia
Periodista

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