À la ville de Barcelone

Redacción

Posiblemente, cuando Juan Antonio Samaranch pronunció estas palabras en el Palais de Beaulieu de Lausana (Suiza), pocos barceloneses se imaginaban hasta qué punto iría a cambiar su ciudad. Los habitantes de Barcelona siempre habían estado orgullosos de su ciudad, pero era un sentimiento de puertas hacia adentro, marcado por 40 años de dictadura que había dejado un rastro muy profundo.

Hoy en día, nada se parece a aquel panorama. Amigos de otros países que han venido una temporada en Barcelona no me creen cuando les cuento que hasta no hace muchos años, en la Playa del Bogatell habían barracas, que los trenes de mercancías circulaban por el Paseo Colón o que la Diagonal con suficiente trabajos llegaba a la Plaza de las Glorias.

Esta semana cumpliremos los 20 años de la celebración de los Juegos Olímpicos en nuestra ciudad. En aquella época, la competición deportiva, la transformación urbanística, la participación de miles de voluntarios, y una organización sublime bombardearon hacer posible que la moral colectiva de una ciudad y de un país aumentara espectacularmente. A pesar de que teníamos, como ahora, un paro por encima del 20%, estábamos endeudados hasta las cejas, y la peseta se devaluaba año tras año, nos cruce que éramos los mejores y pusimos Barcelona en el mapa de las ciudades de la primera división mundial. ¡Ojalá durante los próximos meses o años, recuperemos una parte de este espíritu!

David Abelló
Periodista

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