NARANJAS DE LA CHINA

Redacción Catalunyapress

Las naranjas de la China, variedad de cítrico más pequeña, de piel lisa y muy fina ?llamadas kumquat? fueron tenidas por imaginarias, fantásticas e inexistentes y, por tal condición, la castiza expresión se utiliza para negar rotundamente que se vaya a realizar algo que se demanda.

Ayer se aprobó en el Senado la capacidad de las autoridades para liquidar, vender, pignorar o privatizar la nueva "prensa del movimiento" que constituyen las denominadas televisiones y radios públicas que tienen como características principales costar un Congo al contribuyente, ofrecer contenidos lamentables y de dudoso interés público, ser el instrumento de loa y agasajo al gobierno de turno y servir para emboscar las numerosas cortes de amigos y pelotillas de quien ostente el poder en cada momento.

Me reitero en lo que dije aquí cuando apenas la normativa aprobada ayer era un proyecto y remato mis afirmaciones de entonces con el título de esta conseja: ¡Naranjas de la China!

Será, ya lo verán, la respuesta de los diferentes gobiernos, desde el nacional a la más minúscula autonomía, a soltar un juguete tan querido y deseado; buscarán todas las triquiñuelas para seguir manejando el invento que produce tan jugosos beneficios ideológicos y, a veces, económicos, mientras los profesionales libres van abandonando este oficio de tinieblas, los medios se cierran y quienes se lanzan a la aventura de lo digital, como es el caso de este que me acoge, lo hacen con espíritu de samurái y conscientes que, como cierra su "Termópilas" Kavafis, "inevitablemente, pasarán los persas".

Andrés Madrid

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