REDONDEO

Redacción Catalunyapress

andres madrid

Este país nuestro es territorio donde quien no corre, vuela, y tan pronto surge ocasión de revivir a Lázaro de Tormes, los españoles nos aprestamos a emular al pícaro que llevamos dentro.

Sucedió con la llegada del euro cuando, de la noche a la mañana, una caña de cerveza que, por entonces costaba cien pesetas, pasó a valer un euro. El redondeo, nos decían, y tan estrambótico cálculo nos subió la cañita un sesenta y tantos por ciento.

Ayer, triste día el de ayer, mientras contemplaba en el centro de Madrid las protestas de aquellos que se sienten agredidos por las medidas gubernativas, intenté calmar las fauces sedientas propias y de acompañantes con un refresco. Conseguí mi propósito de refrescar el cuerpo pero mucho más fría se quedó mi alma al contemplar la cuenta a todas luces desmesurada.

Requerí explicaciones al respecto y un solícito y amable encargado del chiringuito me explicó, con todo lujo de detalles, que el importe a pagar se había incrementado con la subida del IVA aprobada el viernes por el Gobierno. Expliqué al interfecto que los cambios previstos no entrarían en vigor hasta setiembre y se aprestó a rectificar el importe a pagar.

Saliendo del lugar, teníamos la sensación de haber vivido el "dejavú" del redondeo y nos preguntamos cuantos incautos caerían en las redes de estos herederos de Lázaro que, si nadie lo remedia, van a hacer su agosto a cuenta del cambio impositivo.

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