LOS DINEROS DEL SACRISTAN.A

Redacción

Medida que avanza la investigación sobre el electricista Castiñeira me sorprende que la Catedral de Santiago siga en pie y este genio del cortocircuito no haya convertido en solar el monumento. Primero fue un millón y pico, ahora otros seiscientos mil euros en maleta escondida, y puede que aparezca algún "comboluto" más entre las pertenencias del "chispero".

Celebramos todos la recuperación del Codice, aunque no se entienda muy bien el "fotocool" que se montó el domingo, y después de leer todo lo publicado no se me cae de la oreja un coleóptero respecto a las cantidades hurtadas por Castiñeira.

El culpable de mi mosqueo es, como siempre, mi amigo el del bar donde mitigo las ansias cafeteras de las madrugadas: ¿Dónde estaba ese fastuoso montón de euros y dólares? ¿De quién era? ¿De dónde procedía? ¿Estaba declarado o permanecía ensombrecido a la espera de un destino desconocido?

Nadie, por muy celestial que sea su ilusión, guarda en cajoncillo tales cantidades; lo natural, dice mi amigo, es que los ingresos procedentes de ventas, donaciones o limosnas se ingresen en la cuenta del banco; primero, para evitar los hurtos; segundo, para dejar constancia ante el fisco de tales ingresos.

Es de esperar que, a medida que avance la investigación judicial, se vayan contestando esas preguntas inocentes para tranquilidad de mi amigo el del bar.

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