Martí, pide perdón, dimite o que te cesen

Redacción

La memoria es una herramienta fantástica, que con el paso de los años, se deteriora y en algunas ocasiones es maravilloso que eso suceda porque se te va el rencor sin que te des cuenta. No obstante, aunque olvidas los nombres de las personas, no puedes dejar de vivir con su imagen, sobre todo, cuando la escena forma parte de tus experiencias profesionales más sentidas. Supongo que eso, no tendrá importancia dentro de unos años porque, si la llegas a perder del todo, no recordaras ni tu propio nombre.

Hoy quiero rememorar, porque aun puedo hacerlo, a un iracundo y fascistoide Presidente del Centro Aragonés de Barcelona que en una tarde de mi juventud radiofónica, allá por los setenta y tantos, me hizo vivir una anécdota que me sirvió de mucho en los sucesos que luego me tocaría contar. Aquel día, un político que llegaría a ser President de la Generalitat subió las escaleras del Centro para intervenir en una conferencia-coloquio en la que hablaría de Catalunya, y del proyecto político que quería ofrecer a los catalanes que irían por primera vez a las urnas. A mi, aquella tarde, sin que nadie me lo pidiera, me apeteció conocer a ese político que luego nos gobernaría durante 23 AÑOS. Me habían hablado mucho y bien de él mi compañero Salvador Escamilla, y aunque mis preferencias se las llevaba la historia que llevaba encima de sus espaldas Josep Tarradellas, me fui a escucharle y, de paso, como decimos los periodistas a "cubrir la información". Y lo que parece hoy un cosa rutinaria, entonces, con tanto franquista cabreado no era un plato a veces agradable. Y la verdad es que, en aquella ocasión, tampoco lo fué.

Sigo con la historia. Pujol subió hasta el vestíbulo donde le esperaba el sujeto que les he descrito brevemente, que nada más verle le espetó:

-Oiga Pujol, aquí no se consiente hablar mal de España.

Pujol, se lo miró con una suave sonrisa, y con el "populismo" que luego le haría "escandalosamente" superior a sus rivales políticos, le contestó:

-Mire, Señor...yo vengo a hablar de Catalunya y de mi proyecto político, pero si Vd. no quiere me voy y se acabó la charla.


El tio se lo miró, me miró a mi y la Philips que llevaba en la mano, que pesaba un huevo, y se arrugó ante la seguridad de su interlocutor y sobre todo, su serenidad. Y después de decir cuatro chorradas que no vienen a cuento, me espetó mientras el orador entraba en el Salon de Actos.

¿Y Vd. qué?¿A contar mentiras?

Yo, solo acerté a decirle:

-A mi no me mire amigo, pero si este Señor (Pujol) no puede hablar yo me voy detrás de él y lo cuento por la radio.


Por la cara que me puso, deduje, que las llamadas que recibía, por aquellos tiempos hacia las tres de la madrugada acordándose de mi estampa gallega tenían el mismo rostro o algo parecido al del personaje que tenía delante.

Hoy, al leer mi periódico he visto la fotocopia de ese rostro en la cara del sujeto que increpa a mi hija en la sala de prensa del Palau de la Generalitat porque se ha atrevido a preguntar a su Jefe por que han echado a la calle a 70 compañeros de La Malla y si la cosa va a seguir en los próximos meses en los medios de comunicación públicos. Puri es hija de dos periodistas y en la parte superior a este articulo les cuenta lo que ella vivió y sintió por segunda vez. Tiene dos carreras universitarias, dirige desde hace varios años el negocio familiar y trabaja más horas que mi amigo el pakistaní de la tienda SPAR que cae cerca de mi casa en Viladecans. Es voluntaria de la ONCE y de la Cruza Roja, y su gran pasión es cuidar de su hija pequeña a la que por su trabajo puede dedicarle menos tiempo que el que ella quisiera. Es buena gente y una magnífica gestora.

No voy a entrar en detalles sobre lo que pasó, pero si les contaré, que antes que Puri, otro periodista de esta casa, Xavi Prera, y en el mismo lugar, también sufrió "los amables consejos" del mismo personaje . Ese día regresó a la redacción pálido y pocas semanas después pidió la cuenta dispuesto a dejar la profesión. Hoy todavía está en el paro preparando oposiciones para dedicarse a la enseñanza, algo que gracias a los recortes del PP tampoco podrá hacer.

¿Pero quien te has creído que eres Josep Martí i Blanch, Secretario de Comunicación de la Generalitat para decirle a dos trabajadores de mi empresa de comunicación lo que tienen que hacer o preguntar en una rueda de prensa?. ¿Quién te permite estas cosas? .¿De qué vas? .

Mira, Martí, solo te voy a dar tres consejos: pide perdón, dimite o que te cesen. Porque, hasta aquí hemos llegado. Esta es la última hazaña que te permito. La próxima discusión la tendrás conmigo en el Colegio de Periodistas. A ver, si así se te cae la cara de vergüenza a ti y a los Jefes que te permiten esos aires de matón neonazi.

Medita y dile a los servicios de seguridad que te pasen el video de la sala, a ver si así, viéndote grabado cambias el chip y dejas de hacer el ridículo. El Palalu de la Generalitat no es el antiguo Price, que quizás tu no recuerdes y yo sí, sino la casa común de todos los catalanes. O sea tu casa y la mia.

Manuel Fernando González
Editor y Director
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