Sin esperar

Redacción Catalunyapress

El gobierno de Rajoy insiste en retrasar el alivio de las medidas penitenciarias a los prisioneros de ETA, reclamadas por la gran mayoría vasca, incluido el presidente Patxi López y el Congreso de los Diputados, aísla y desprecia a los electos de la izquierda abertzale, excluidos de la comisión de secretos oficiales, e incluso con la extensión del veto a Esquerra Republicana, que en las dos legislaturas anteriores formó parte.

Y sin embargo, el portavoz de la (o las coaliciones), Iñaki Antigüedad, no sólo reiteraba la necesidad de pedir perdón a las víctimas -eso sí, reclamando a la vez el reconocimiento de las torturas de las fuerzas de seguridad españolas-, sino que pedía a ETA que dé pasos adelante, aunque el Ejecutivo del PP se continúe cerrado a mejorar la situación de los prisioneros de la organización, además de mostrarse convencido de que esta terminará por disolverse.

Parecería que ahora son los reinsertados a la actividad política sin violencia los que siguen las consignas anteriores de la mayoría de los partidos vascos, cuando una y otra vez llamaban a hacer política sin tener en cuenta para nada lo que hiciera el grupo terrorista, a menudo sin honrar su propia consigna.

Contra el aislamiento a las instituciones estatales, Bildu y Amaiur ya hacen parte habitual de la vida pública en el País Vasco y en Navarra, donde aparecen habitualmente en los medios de comunicación y debates públicos, lo que no quiere decir que los otros partidos no les critiquen, o se enfrenten a la hora de tomar decisiones.

Voces del nacionalismo tradicional no paran de manifestar el descontento, sobre todo en Guipúzcoa, donde Bildu tiene la máxima cuota de poder, por la manera en que la ejercen, con calificativos como "arrogantes, ineficaces y sectarios".

Un caso reciente que ha recibido críticas frontales del PNV ha sido la concesión de los premios Lehendakari Agirre, de investigación y ensayo, celebrada casi sin publicidad y sin la asistencia del presidente de la institución foral, ex de Egin-Gara y dirigente de la coalición, Martín Garitano. Incluso las mismas fuentes dudan de que se vuelva a repetir la convocatoria del certamen, con el nombre del primer titular de un gobierno vasco en la historia contemporánea.

Aún más, el líder del PNV Iñigo Urkullu, reelegido hace poco, ha propuesto a socialistas y populares un pacto para gobernar "desde la oposición" en Guipúzcoa, inclinando el sentido de las votaciones importantes en contra de la mayoría relativa de Bildu.

Un gesto absolutamente insólito, el del actual presidente de la ejecutiva "peneuvista" que contrasta con las anteriores oposiciones frontales a los partidos de ámbito estatal, y con los grandes reproches a los acuerdos que mantienen los socialistas en el gobierno monocolor de Vitoria y UPN-PP en el de Navarra.

Parece difícil hoy, salvo asuntos verdaderamente excepcionales, este tipo de acuerdos a tres bandas. Más aún cuando ya se ha entrado en el último año de legislatura, antes de las próximas autonómicas, y cuando se hacen evidentes las discrepancias y dificultades del acuerdo entre PP y PSOE, que deben empezar a marcar diferencias de cara a los comicios.

Por otra parte, la propuesta púbica de Urkullu no ha gustado nada a buena parte de los compañeros del mismo partido, especialmente en Guipúzcoa, donde abundan más los independentistas radicales, y donde se vuelve a sacar la norma estatutaria interna de no injerencia del ejecutiva nacional en los asuntos internos de cada territorio.

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