SOLEDAD

Redacción Catalunyapress

A partir de cierto tramo del viaje, cada vez cuesta más cruzarse con algún coche. Voy con las luces largas rato y rato. Suena un CD de música francesa. La noche es oscura y estrellada, y las curvas del Puerto de Comiols son la mejor tarjeta de bienvenida hacia el Pirineo de Lleida. Al cabo de un buen trecho y después de tres horas y media de conducir, el esbelto campanario iluminado de Esterri d'Àneu me indica como un faro en el horizonte que ya he llegado al destino.

Por la mañana, enfilo la Vallferrera, y un poco antes de Alins, un cartel medio oxidado me dice: "Aquí se puede escuchar el silencio". Efectivamente, silencio no falta. Reflexiono sobre cómo sería la vida en un lugar como éste, qué inconvenientes tendrá, y sobre todo, si sería capaz de adaptarme. De entrada pienso que lo más difícil debe ser la soledad: el hecho de salir a la calle y no encontrar a nadie; de tener que hacer kilómetros y kilómetros para encontrar una farmacia, o un supermercado. Todo lo contrario que en Barcelona, donde siempre hay alguien, o algo que hacer, y donde es imposible encontrarse solo...

En este punto es donde me doy cuenta de la debilidad de mis argumentos. Es cierto que la gente que vivimos en una gran ciudad estamos rodeados de miles de personas, pero realmente, ¿eso por sí solo sirve de algo? A menudo pensamos que estar rodeado de mucha gente, tener 1.000 seguidores en Twitter, hacer cosas superficiales, y sobre todo, aparentar sociabilidad, nos hace ser más felices. Qué gran espejismo... Uno puede pasar todo un día, de casa al trabajo, del trabajo al súper, del súper al gimnasio, y del gimnasio a casa; haberse cruzado con cientos de personas y que ninguna de ellas sepa nada de lo que realmente está pensando o sintiendo. Y precisamente, este es uno de los males de nuestra sociedad, y a buen seguro, la causa de muchos de nuestros problemas.

Al cabo de un rato, ya es mediodía. Subo a comer a Can Nadalet de Tírvia, y la dueña me sirve una magnífica escudella. Mientras como y vamos comentando las noticias de la tele con la misma señora, pienso que lo realmente importante es no sentirse solo con uno mismo. A partir de aquí, a la gente honrada y sencilla, de amigos no le faltan. De esto, pueden estar seguros.

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