AQUELLOS TIEMPOS DEL CUPLÉ

Redacción Catalunyapress

En las postrimerías del franquismo uno se apuntaba a todos los jaleos callejeros de protesta que se organizaban sin importar quién era el firmante de la convocatoria; la cosa siempre concluía con carreras y sustos, con los grises detrás y algunas risas y final de la fiesta en alguna taberna compartiendo modestos pinchos de tortilla y chato de vino.

El grito repetido en aquellas calendas solía ser "¡Amnistía y libertad!", esa amnistía que hoy pretenden derogar los herederos de aquellos pioneros y la señora Kichner, de la que ignoro quien le habrá dado vela en este entierro, y que todavía conservamos el recuerdo de algún verdugón en los riñones causado por el porrazo de un "guindilla".

Dejé de acudir a aquellas aventuras cuando, legalizados los partidos y liberados los presos políticos, llegué a la conclusión que otros cauces habían de buscarse para las inquietudes y que, además, una "mani" sin guardias es como un jardín sin flores.

Mucho han cambiado los tiempos y la convocatoria que se anuncia el domingo en Madrid tiene de cabecera de cartel un consejero de Bankia, antes Caja Madrid, que dice ser de UGT y cobra al año un múltiplo de diez del sueldo de un currante, un tal Martínez. Por lo cual que supongo que, al acabar la fiesta, se irán los convocados al Villamagna, espacio favorito de los sindicalistas actuales, a celebrar con vinos de reserva el éxito obtenido.

Del jersey cuello alto de mi llorado Marcelino, hemos pasado al BMW y chofer para acudir a la protesta, con zapatillas último modelo aunque no haya necesidad alguna de correr delante de los guardias.

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos y la razón se pierde cuando la coherencia te abandona.

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