SOBRE EL DESIERTO...

Redacción Catalunyapress

El desierto es rico en ocasos y generoso en nuevos amaneceres. Abrasa y hiela, conmueve y aterra. Permite la contemplación de esas estrellas que jamás viste antes, mientras el frio se mete hasta el tuétano. Estimula la imaginación, consiente los espejismos más inauditos. Borra caminos, oculta viejas ciudades y permite soñar en supuestos oasis. Su aridez forja, endurece, facilita la introspección. Lanza al viento la eterna pregunta sobre el ¿Quién soy? Y el ¿A dónde voy?

El desierto contiene propiedades terapéuticas sanadoras del cuerpo y del alma. No en vano dicen que más de un dios, y montones de ascetas, hallaron en él la felicidad, la ausencia de dolor.

El desierto es bello. Sólo los estúpidos cierran los ojos a su fuerza cromática, a su ondulado vacío rebosante de cielo y arena. Atravesar el desierto puede llegar a ser una experiencia tan ineludible como fantástica, tan cauterizadora de mil heridas como hipnótica.

Para hollarlo conviene usar calzado cómodo y una buena chamarra. Es imprescindible portar un botiquín de primeros auxilios y agua en abundancia para combatir la sed.

El desierto puede ser inmenso pero es finito. Tiene límites, principio y final; no lo dudéis. Por todo ello quizás lo más importante, antes de iniciar la andadura, sea la conveniencia de trazar un rumbo, un norte, un objetivo. Orientaos como deseéis, mediante los astros o con brújula. Marcar un punto de llegada, prever la ruta y sus etapas, medid las fuerzas y, cuando todo sea conforme, echar a andar intentando que sean muchos más los que se incorporen a la caravana.

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