EL PACTO DE LAS SILLAS VACIAS

Redacción Catalunyapress

Todavía hoy, alguien, en la candidatura de Carmen Chacón, anda buscando a aquellos que, dejándose presionar, cambiaron muy a última hora su voto, para que, a la hora de la verdad, Rubalcaba fuera el caballo ganador. Cinco urnas, que costaron dos horas de escrutinio, fueron el testigo mudo de una traición anunciada por quienes llevan toda la vida dedicados a la política y que no saben qué hacer si no mangonean los destinos de su propio partido. ¿Socialdemócratas, tal vez? No, aparato, puro y duro, de Ferraz. Unos le atribuyen a Felipe González ese poder de torcer la mano a la candidatura que se quedó a las puertas de la gloria socialista. Otros, sin embargo, ven a Griñán en el papel de Vellido Dolfos, pese a lo que ahora se escribe sobre él como el artífice de la maniobra final para salvar su propio trasero. Ya no importa, Rubalcaba ha ganado, y aunque el PSC parece el gran perdedor de este Congreso, a la hora de la verdad, sigue con lo que tenía, y además se ha quitado el peso de encima de seguir las directrices de quien podría, de haber ganado, haberle llevado a las puertas de su desaparición como el partido de las dos almas. Ahora todo será más fácil. Cada uno sabe dónde está y lo que le corresponde hacer, pero, sobre todo, qué línea roja no se puede traspasar. Cuando Zaragoza tomo las riendas de las negociaciones de madrugada con Rubalcaba, en nombre de la parte que se había llevado por la mañana la mitad de los votos, sabía que si su oponente se ponía terco, e incluso sordo, la elección de la nueva ejecutiva iba a verse acompañada de un boicot de sillas vacías demasiado evidente como para que tal gesto pudiera pasar desapercibido ante la opinión pública. De haberse producido, al nuevo Secretario General del PSOE, su victoria, también llamado empate técnico, se le hubiera esfumado entre las manos y habría sido el hazmerreír de la derecha en su conjunto y también de las formaciones colocadas a su izquierda. El pacto de las sillas vacías se produjo y la mejor evidencia de que fue así es que los delegados votaron ese 80 por ciento reparador, que aunque deje fuera a más de los que se suponía debían estar, y les correspondía legítimamente por cuota electoral, salva el honor de los perdedores y prepara el futuro para unas primarias a las que, a lo mejor, el que no se puede presentar es el candidato Rubalcaba.


Manuel Fernando González
Editor y Director
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