Compañeros de partido y sin embargo amigos

Redacción

En contra de la opinión generalizada, los escándalos políticos, de corrupción o de otro tipo, rara vez salen a la luz por denuncias de la oposición. El caso Filesa o Gürtel, el del Palau de la Música o ahora el del currículum inflado de la vicepresidenta de la Generalitat, Joana Ortega, por poner algunos ejemplos, no han nacido de la labor investigadora de los partidos de la oposición, por mucho que los afectados quieran desviar la atención apelando a la conspiración exterior para tratar de exculparse.

Normalmente la información se filtra a través de un colaborador despechado o por un ajuste de cuentas entre correlegionarios. En otras ocasiones, los escándalos salen a la luz por la labor periodística - aunque ésta muchas veces está teledirigida por alguien- o bien por la actuación cotidiana de Hacienda.

Una vez el caso sale a luz pública, es cuando los partidos de la oposición lo recogen como bandera, muchas veces sin demasiado entusiasmo. Y es que los partidos son rivales, pero enemigos, lo que se dice enemigos sólo los hay en casa. En las luchas internas se juega el todo o nada. En las luchas entre partidos se juega la alternancia, pero no la supervivencia personal.

Este miércoles Salvador Sostres -con quien discrepo habitualmente pero a quien hay que reconocer que no le falta valentía y, en según qué temas, tiene información de primera mano- nos explica en su columna en el diario 'El Mundo' cómo nace la filtración del caso Ortega y su intríngulis político. Un ejemplo paradigmático de la tesis de este articulo sería el dicho 'Que Dios me guarde de mis amigos que de mis enemigos ya me cuido yo' o el también popular 'Compañeros de partido y sin embargo amigos'.

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