Llaves de oro

Redacción Catalunyapress

Es costumbre antigua en esta ínsula, entregar a cualquier visitante ilustre, lo merezca o no, las llaves de oro de la ciudad. Siguiendo el rito, en el año 2007, Alberto Ruiz Gallardón entregaba las llaves de oro de la villa de Madrid a Gadafi, que pasaba por aquí camino de no me acuerdo donde.

Ahora, es de suponer que el Alcalde de la Corte reclame al de la jaima que devuelva el símbolo de acceso a la ciudad, pues parece impropio que disponga de tan preciado símbolo y que le estemos dando cera a modo.

Con esto de las llaves de oro de las ciudades que se entregan al primero que llega, ocurre lo mismo que con las parejas de enamorados que se apresuran a intercambiar obsequios, poner cartillas de ahorro conjuntas y, los más temerarios, comprar un piso a nombre de ambos. Luego pasa lo que pasa, se rompen las peras y se arma el lío de devoluciones entre los que otrora fueron presuntos contrayentes.

Ya lo decía la Pradera en aquella canción de Mario Cavagnaro: "Devuélveme el rosario de mi madre y quédate con todo lo demás, lo tuyo te lo envío cualquier tarde". Procede ahora, que don Alberto grabe esta copla en mp3 de esos y se la envíe a Gadafi para que proceda a la devolución de las llaves del pisito.

En las relaciones internacionales, como en el amor, las prisas para nada son buenas.

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