La crisis de lo políticamente correcto

Redacción

Un fenómeno que atraviesa las democracias occidentales es el auge de un discurso político basado en alentar y cubrir ideológicamente las bajas pasiones. El insulto soez a las mujeres que luchan por la igualdad de género; la homofobia; la criminalización de la inmigración (precisamente ahora que está en claro retroceso); la loa a conducir con unas copas; el amparo de la corrupción de los amiguetes; la comprensión hacia un primer ministro que alardea de organizar fiestas con prostitutas; la tergiversación más palmaria de los hechos sin el menor rubor, como que ETA esta detrás del 11-M, las centrales nucleares no son peligrosas o bien que Obama es musulmán, son algunos ejemplos que ponen de relieve la crisis del discurso de lo politícamente correcto. Berlusconi y el Tea Party han dado ejemplo. Y es que en todos los países europeos aparecen discípulos aplicados de estos dos. La derecha más retrógrada recupera protagonismo ideológico de la mano de la demagogia populista.

¿Qué está pasando? El auge del individualismo, el desamparo de muchos ante la competitividad de la globalización; la crisis económica; el hartazgo hacia el discurso políticamente correcto practicado como un mantra sin emociones; el exceso de velocidad de políticas que muchos sectores de la población son incapaces de asimilar; la creciente invasión de la esfera privada de los individuos por el Estado; o la falta de ejemplo de quienes deberían darlo explican parcialmente lo que está pasando. Entre los que nos dicen lo que hay que hacer pero no hacen - algo parecido al ejemplo de los curas- y los que alardean de sus bajas pasiones, muchos ciudadanos eligen alinearse con estos últimos. La filósofa Eva Illouz resumía bien la situación este lunes en 'La Contra' de 'La Vanguardia': "Tras forrarse con trampas nos aplican la cultura del esfuerzo".

Pero no deberíamos volver al sálvese quien pueda, a la ley de la selva. Individualmente puede resultar atractivo- quien este libre de pecado que tire la primera piedra- pero colectivamente es un suicidio. Los políticos sensatos, que los hay en todas las ideologías, deberían aplicarse a invertir esta tendencia aunque a corto plazo no dé votos.

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