¿Es esto lo que queremos?

Redacción

Las goleadas del Barça al Almería y del Madrid al Athletic no han podido llegar en mejor momento. En pleno debate sobre el reparto de los ingresos televisivos, los dos grandes golean sin miramientos. Con violencia, exhibiendo todo su potencial, justo antes del clásico.

Como ocurre con la crisis económica en la que el mundo está inmerso, la solución parece pasar por cargarse a la clase media. Aquella que, al margen de los beneficios de los gigantes, da vida a la economía real, con las pequeñas empresas que dan trabajo a miles y miles de personas.

En el fútbol español ocurre algo similar. Aseguramos el futuro de los dos grandes a costa de los equipos que, en mayor o menor medida, les pueden toser. Será todo lo racional que quiera siguiendo los parámetros capitalistas, pero como aficionado es un revés dolorosísimo. Y lo peor es que los equipos más pequeños acepten el reparto, aceptando un statu quo de inferioridad comparativa que habrán de mantener temporada tras temporada.

Uno no es la primera vez que se refiere al hartazgo de ver cómo, semana tras semana, Barça y Madrid humillan al resto. Y todavía se permiten el lujo, con el beneplácito de unos medios deportivos muy escorados al partidismo, de dar lecciones de moral: que si éste se ha dejado ganar, que si el otro utiliza la violencia.

¿Qué otro método queda? Ninguno. ¿Y qué esperanza? Poca, porque sólo dos clubes han levantado la voz ante un ataque gravísimo a algo tan inherente al capitalismo como la libre competencia. Se está dando un golpe de estado a una competición ya muy adulterada con el consentimiento de la gran mayoría.

El ser humano tiene una capacidad sorprendente para aguantar injusticias. Podemos vivir soportándolas por mucho tiempo, sin explotar. Ahora, seguramente, no pasará nada. Se supone que tenemos suficiente con que nos caiga la baba con Messi y Cristiano. Ahora bien, cuando las ligas a 100 puntos, que tanta gracia nos hacen ahora, sean una constante, quizá sea demasiado tarde.

Nunca ha sido tan cierta aquella frase de Eduardo Galeano que dice, más o menos, que el aficionado al fútbol tiene como principal característica la paciencia: para ver un partido bueno, tendremos que aguantar mucho, pero que mucho.

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