Preciado y el Barça-Villarreal

Redacción

La rueda de prensa de Manolo Preciado fue espectacular. Le cantó las cuarenta a Mourinho como seguramente nunca nadie lo había hecho. De entre todo lo que le dijo, creo que hay una frase que a los medios les ha pasado un poco desapercibida pero que la gente que ha dedicado parte de su vida a hacer deporte entenderá que puede hacer más daño que ninguna otra: "Aquí, antes que nada, somos deportistas", le dijo a Mou.

Seguramente, y teniendo en cuenta los millones que hay de por medio, la frase de Preciado no es del todo correcta, por muy románticos que nos pongamos. El fútbol hace años que ha dejado de ser sólo un deporte y, por tanto, sus reglas originarias se han mezclado con otras que poco tienen que ver con una competencia sana. Dice Galeano que el fútbol es un "triste viaje del placer al deber". Lejos queda la admiración que Torcuato Luca de Tena, embajador español en Londres y abuelo de una generación dedicada a los medios, mostraba por el fútbol primitivo a principios del siglo XX: "'sea como sea' o 'ganar a toda costa' son frases desterradas del vocabulario deportivo británico".

Aunque, como decimos y corrobora Galeano, el fútbol ha perdido buena parte de su sabor primitivo, no hay nada peor que decirle a un deportista que no se comporta como tal. Hay un código ético no escrito que casi nadie ya respeta en este deporte del balón pero que se saca del cajón de la memoria para, de manera más o menos honesta, más o menos intencionada, reprochar ciertos comportamientos que se consideran abusivos. Es lo que ha hecho Preciado, que no tolera que lo pongan en medio de una lucha -Barça contra Madrid- que tiene lo mismo de deportiva que de económica. Toda la razón, y la mejor prueba ha sido la solidaridad de sus compañeros de equipos humildes, Pochettino y Lotina.

Pero el fútbol, en este triste viaje al deber, no ha perdido toda la esencia. Aún le queda suficiente como para, de vez en cuando, regalarnos partidos como el Barça-Villarreal. Para los que estamos cansados de la superioridad de los de Guardiola -y esto es una crítica no al Barça ni a los rivales, sino sistémica-, partidos como los del sábado nos devuelven a los orígenes. Que un equipo tutee al Barça en el Camp Nou con sus mismas armas es algo que casi habíamos olvidado. Ahora, seguramente, tendremos que esperar meses para ver otro partido tan disputado, pero en el frustrante camino de miércoles-sábado-miércoles y después de celebrar el diario gol de Messi sin demasiado entusiasmo, cerraremos los ojos, inspiraremos con fuerza para concentrarnos y trataremos de recordar que sí, que hay partidos que valen la pena no por lo bien que juega el Barça, sino porque tiene un rival delante capaz de jugar casi igual.

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