Dichas de la vida

Miquel Escudero

ValentPuig

Foto: CCMA


Hoy parece difícil de imaginar, pero es posible. Una orquestada reacción 'catalana' podría apear al nacionalismo catalán de su larga hegemonía. La mediocridad que éste ha vertido y desparramado deja boquetes que esperan claridad sin ruidos. 


Libres de intereses y de amarguras, hay marginados llamados al objetivo de generar luz y cohesión. Tanto da que se hayan producido desperfectos de muy difícil solución; y que rota la norma del pluralismo y del fair play se hayan intensificado modos de opinión cerrados, obsesos y alérgicos a la discrepancia. 


"El futuro es un miedo y una oportunidad". Valentí Puig, escritor de vocación, sabe del valor superior de 'transmitir el fuego' frente a la inerte adoración de las cenizas. Perseverar en esta convicción y en el cultivo de las virtudes públicas, puede abrirnos el porvenir. En lo político, el escritor mallorquín se define como conservador de centro, cree que la izquierda es más seria que la progresía y es partidario de ser libres e iguales ante la ley. 


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Sabe de las complejidades de la democracia liberal y de las sociedades abiertas, y afirma que el Estado del bienestar es "una de las construcciones más sensatas del bien común". Ve fundamental desear y querer la verdad e intentar ser justo, "en un mundo en el que nunca habrá suficiente justicia". A la vez entiende que el ser humano requiere permanencias y que esto es la civilización.


De todo esto y de muchas otras cosas, Valentí Puig ha conversado con Ignacio Peyró y dejado constancia en un libro que acaba de aparecer: La vista desde aquí (Elba). Puede hablar también de jazz y del singular pianista californiano Dave Brubeck, y sorprendernos al contar que ser un pianista con swing tal vez le atrajo más que escribir. 


Yo quiero destacar aquí que leer y escribir sean para él las grandes dichas de la vida. Leer buenos libros, por ejemplo, nos permite vincular nuestro presente al de personas que forjaron obras extraordinarias e imperecederas. Recalca Puig que nunca los libros, la pintura o la música estuvieron tan al alcance de una mayoría, pero nunca tantos parecen interesarse tan poco por ellas. 


Por esto, ve con preocupación la enorme pérdida del hábito de leer y del aprecio por la lectura, una descapitalización inverosímil. Hablar de un libro y de su autor da quehacer y puede ser no sólo un gusto, sino una oportunidad de contagiar un entusiasmo razonable para vivir mejor. 


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