La insuficiencia cardiaca influye en las relaciones familiares y sociales

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Casi la mitad de los afectados de insuficiencia cardiaca asegura que su relación con familiares y amigos se ha visto afectada de algún modo tras el diagnóstico. Es una enfermedad crónica y debilitante que merma las capacidades físicas y la independencia de los pacientes.


El Instituto Max Weber, la asociación de pacientes Cardioalianza y Novartis han realizado una encuesta a 558 pacientes en España que forma parte del proyecto 'Valor social de un abordaje ideal de la insuficiencia cardiaca' con el objetivo de mejorar la calidad de vida del casi millón y medio de españoles que la padecen.


En concreto, el trabajo revela que sólo un 54 por ciento de los pacientes asegura que su enfermedad no ha condicionado sus relaciones con familiares y amigos. Entre un 27 y 30 por ciento dice que les ha influido sólo un poco, mientras que entre un 13,5 y 16,5 por ciento admite que su relación con familia y amigos se ha visto afectada bastante o mucho.


Esto se debe en parte a que un 68,4 por ciento de estos afectados sufre dolor o malestar de algún tipo; un 55,1 por ciento tiene problemas relacionados con su movilidad y hasta un 52 por ciento sufre ansiedad o depresión.


Los signos o síntomas que indicaron con más frecuencia los encuestados fueron la dificultad para respirar tras realizar ejercicio o algún esfuerzo (66,8%), la necesidad de ir al baño por la noche (61,6%) y cansancio o fatiga anormal (60,9%). Además, el 52,5 por ciento percibe hinchazón en piernas, tobillos o abdomen, y el 41 por ciento tiene un pulso irregular o rápido.


Todo ello podría explicar que algo más de la mitad (53,2%) admita que la insuficiencia cardiaca dificulta su actividad sexual y que un 43,2 por ciento diga que no realiza la misma actividad física que antes a causa de su enfermedad.


Y en caso de querer salir de viaje, sólo un 28,1 por ciento dice hacerlo con la misma frecuencia que antes del diagnóstico y casi uno de cada cinco (18,7%) admite haber dejado de hacerlo tras su enfermedad.


La enfermedad necesita tomar medidas para mantenerla a ralla y prevenir posibles complicaciones, como demuestra que la mitad (49%) siga una dieta baja en sal y que uno de cada cuatro (27%) limite su ingesta de líquidos. Y en cuanto a la medicación, la adherencia al tratamiento es relativamente alta, ya que hasta un 78 por ciento de los encuestados dice tomar toda la medicación como le ha indicado su médico.


TAMBIÉN AFECTA A LOS CUIDADORES


Además, el informe también analiza el impacto que tiene la enfermedad para los cuidadores de estos pacientes, algo que necesitaban el 50,9 por ciento de los encuestados. El perfil mayoritario eran mujeres (71%), de unos 56 años de media, que solían ser o la pareja del paciente (51,9%) o uno de sus hijos (33,2%).


Entre los efectos negativos más destacados de esa dedicación están los cambios emocionales como estrés, apatía, irritabilidad o ansiedad que experimentaban el 44,2 por ciento de los cuidadores. De igual modo, un 32,9 por ciento vio trastornado su sueño por la atención que el paciente le reclama, a un 24,9 por ciento le ha supuesto un aislamiento social y a un 19,5 por ciento una carga económica.


El ocio, el tiempo libre o la vida familiar del cuidador también se ven afectados, ya que tienen que reducir su tiempo de ocio (43% de los cuidadores), no pueden irse de vacaciones (22,9%) o no tienen tiempo para frecuentar sus amistades (20,4%).


Además, el 62,5 por ciento tuvo que solicitar días de permiso o una excedencia para ese cuidado y el 8,3 por ciento estuvo de baja a raíz de prestar estos cuidados. Y hasta un 43,5 por ciento ha faltado al trabajo en alguna ocasión para llevar al paciente a una consulta.


Para corregir esta situación, tanto la de los pacientes como sus cuidadores, el informe recoge un total de 28 propuestas que permitirían mejorar diferentes áreas de actuación implicadas en el manejo de esta patología, para lo que sería necesaria una inversión de 548 millones de euros. Sin embargo, gracias a ello se conseguiría un retorno social de 1.932 millones de euros, 3,52 euros por cada euro invertido.

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