La huida de Dios

Miquel Escudero

LluisDuch


Hace ahora 90 años que el filósofo Ortega, religiosamente agnóstico, escribió unas páginas bajo el título 'Dios a la vista'. Reconocía que la realidad inmediata no es la realidad completa, y que todo el mundo olvidaba entonces que Dios es un asunto profano. No retiremos, pues, de la cultura, el tema de lo divino. 


Hoy hemos de suscribir esta idea, ni siquiera sea por la utilidad de captar las conexiones del islamismo radical, un mundo opaco y un movimiento teocrático que no tiene contemplaciones para arrasar lo que tenga por delante. Y al que hay que vencer no sólo por las armas, sino con claras razones. Hace pocas semanas, Lluís Duch ha publicado un ensayo breve sobre un Dios que se escapa -la hoy borrada imagen del Dios judeocristiano- y que lleva por título L’exili de Déu (también El exilio de Dios, en Fragmenta). El profesor Duch es un eminente antropólogo y es monje de Montserrat desde hace más de medio siglo. 


Echemos una mirada a sus observaciones. Parte de que Dios 'es' hoy un fantasma que se escapa de nuestras fantasías y que, sin embargo, tenemos religiones a la carta. La cuestión de Dios estaría, según él, claramente separada de la religión. Así, la ideología capitalista ejercería el papel de una religión que no habla el lenguaje del amor sino el de lo económico, y que pervierte de forma rotunda el 'deseo del ser humano'.


Nuestro autor considera de suma importancia determinar qué aspectos del fenómeno cristiano perduran en toda circunstancia. Destaca, en especial, la gigantesca crisis gramatical en que nos hallamos y que las grandes palabras estén agotadas y sean incapaces de comprometernos o apalabrarnos. Dios no admite una definición perfecta, siempre queda algo y se emplean traducciones aproximadas de dioses contrapuestos. A menudo, hay un claro fraude de las imágenes de Dios, las cuales se desfiguran interesadamente para controlar mejor a los seres humanos. Pero el ser supremo sólo va de incógnito, en silencio. Sí, hay un exasperante silencio de Dios ante su invocación. Silencio, la última película de Martín Scorsese, terrible y extraordinaria, es un renunciar a lo íntimo de uno mismo. Para Duch, el destino de los seres humanos es ir hacia la hospitalidad. Y no hay conocimiento posible de Dios, afirma, sin la praxis de la misericordia. Ésta supone familiaridad y no hacer sentirse extranjero a nadie.

1 Comentarios

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Soy creyente, y todos los días doy gracias a Dios por serlo. Creo que es un don, un regalo, una fuente de esperanza... Y la verdad es que me dan mucha pena las personas que no creen, pero es algo que tienes contigo o no. La fe no se puede adquirir, comprar o alquilar. O se tiene, o no se tiene, sin puntos medios ni intermedios.

escrito por Ramiro 03/may/17    15:21

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