Hans Küng repasa a siete papas

Miquel Escudero

Hanskung


Nacido en 1928, el teólogo suizo Hans Küng fue perito del Concilio Vaticano II, al igual que su compañero de estudios Joseph Ratzinger. Con Karol Wojtyla en el papado, a Küng, hombre de gran talento intelectual, se le retiró la licencia eclesiástica de enseñanza. En su último libro, 'Siete papas' (ed. Trotta), analiza a los últimos papas desde 1939 y afirma que para él “el ideal nunca ha sido la conformidad con Roma, sino el dar la cara, resistir y mantenerme firme de forma abierta e intrépida en la lucha por la libertad y la verdad en la Iglesia católica y en el ecumenismo”. Es favorable, en particular, a eliminar el celibato como requisito para el sacerdocio, ministerio que abriría a las mujeres.


De Pío XII remarca un estilo autoritario, pero declara que “es falso que no hiciera nada por los judíos o que fuera antisemita”, aunque no fuera lo suficiente en aquella hora histórica. De Juan XXIII subraya lo que todo el mundo: su trato espontáneo, amable y sencillo. Una fuerza cautivadora falta de dotes de mando. El primer papa desde la unificación de Italia que se mantuvo completamente al margen de la política interior y de todos los partidos. Nuevas maneras y métodos, convocó el Concilio Vaticano.


Pablo VI, papa de contradicciones y propenso a la pusilanimidad, dejó perder una oportunidad histórica para reformar la curia. En cuanto al breve y amable Juan Pablo I, escribe que a pesar de creer a los curiales capaces de mucho, no los ve tanto como para asesinar a un papa.


A Juan Pablo II, quien nunca quiso recibirlo, lo acusa de reasumir una política inquisitorial y reaccionaria en el interior de la Iglesia, pero progresista en lo social. Carismático y comunicador, canonizó a más del doble de personas que en los últimos cuatro siglos.


Benedicto XVI le sorprendió, lo recibió en un ambiente extremadamente agradable, rápido en captar la ideas de los demás y en formular las suyas propias. Capaz de reír de forma espontánea en adecuadas ocasiones. Küng declara gratitud por todo eso, sin que sea óbice para no callar. Deplora las complicidades y silencios de los obispos.


Por último, ve a Francisco con esperanza, irradia misericordia, sensibilidad pastoral y sencillez en sus gestos y su lenguaje. Hans Küng entiende que las reformas que urgen no se pueden llevar a cabo de la noche a la mañana por un solo hombre. La vida sigue igual y, por ahora, también en el Vaticano. 

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