LA OPINIÓN DEL EDITOR

Purgante Besoy-Puigdemont

Manuel Fernando González

Purgante besoy 1


"A nadie se le escapa que esta es una Legislatura extraordinaria... que acaba el 1 de octubre con un Referéndum".


Con estas palabras claras y perfectamente entendibles, incluso para Mariano Rajoy, el President de la Generalitat, Carles Puigdemont,nos recibía a los periodistas en el Palau para darnos a conocer el nuevo Gobierno ‘kamikaze’ que ha recompuesto para afrontar "lo que venga", como consecuencia de la decisión irrevocable de convocar y ejecutar un Referéndeum independentista en contra de lo que marcan las leyes del Estado al respecto.


La primera consecuencia de esta decisión ha sido la de purgar a varios de sus consellers más brillantes, con la elegante explicación de que estos han dado "un pasado al lado" para que sean otros los que afronten las consecuencias del lio que se va a montar.


Para reforzar su dialéctica, una vez más, ha echado mano del vicepresidente Junqueras, que ya parece más el guardaespaldas del President para crisis insuperables que el líder político de Esquerra, una histórica formación que, por lo que parece, a cada comparecencia o cese que se produce se saca una foto ante la opinión pública, en la que aparece como la casa de "los buenos catalanes", que son los que se mantienen firmes ante un devenir tan complejo.


Uno no sabe qué ganará el PDeCat con semejante escenificación, pero a Marta Pascal se le está quedando una cara de pagafantas partidaria,que no va a poder sacársela de encima en toda su carrera política. 


El que Turull sustituya a la sacrificada portavoz Neus Munté lo contemplamos desde esta atalaya mediática como mensaje velado a aquellos nacionalistas a los que un día acogió la UGT del cambiachaquetas Pepe Álvarez -un autentico traidor sindical a las ideas fundacionales de Pablo Iglesias Posse- para que abandonen el sindicato que no lleva en su ADN ningún gen independentista y para en casos como este, no otorgar pedigrí de confianza alguno.


Relevar a Jordi Jané por Forn justo cuando el cesado acaba de brindarle al President la Junta de Seguridad que había suplicado públicamente, también es la demostración evidente de que a los consellers no se les cesa porque hagan bien o mal su trabajo, sino porque se intenta -en este caso concreto- que los Mossos desobedezcan las leyes del Estado cuando "se presente la ocasión" y no suceda lo mismo que con los hombres que mandaba el General Batet, que huyeron por las alcantarillas.


Como decíamos, en Esquerra no se cambia a nadie, ni siquiera al muy inútil, incompetente y desprestigiado conseller de Salut, Antoni Comín, que ha hecho buena -incluso buenísima- la gestión de su polémico antecesor, el Doctor Boi Ruiz i García, un defensor a ultranza de la sanidad privada desde el mismo sillón que ahora ocupa el filósofo Comin i Oliveres.


Y es que en Esquerra nadie se mueve en la foto, porque en ese partido se juega a elecciones y a ganar la Presidencia o a que la Legión entre el 1 de octubre por la Diagonal.


Bueno, pues ya tenemos de qué escribir los periodistas en los próximos días.


Yo comenzaré por reflejar el murmullo que se produjo en la sala del Palau en este histórico 14 de julio, cuando entraron los dos protagonistas de la rueda de prensa, que aparecieron acompañados de tan elevado número de miembros de los diferentes gabinetes de ambos que llamaron la atención por su excesiva cantidad y también por su escasa o nula discreción.


¡Hay que ver la cantidad de sueldos que se pagan a costa del erario público en Catalunya!


Finalmente les dejo ante una modesta reflexión personal. A este periodista, como a tantos niños de su época, las madres les vitaminaban con aceite de hígado de bacalao, que sabía a rayos.

Se cambiaba la cara en un plis plas, como puede verse en la publicidad de la época. En honor a nuestro President, lo hemos rebautizado como la marca Besoy-Puigdemont.


Hoy, el purgante elegido por Puigdemont ha sido muy similar al que se tomaban nuestros abuelos, que eran más duros que nosostros: el Purgante Besoy, que costaba entonces 30 céntimos de peseta -¡una verdadera fortuna!- y que tenía unos efectos laxantes casi inmediatos. Se cambiaba la cara en un plis plas, como puede verse en la publicidad de la época.


En honor a nuestro President, lo hemos rebautizado como la marca Besoy-Puigdemont.


Nos parece lo apropiado para la ocasión y esperemos que nadie se nos enfade. Los de Junqueras deberían comenzar a probar un chupito, por si las moscas...

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