Draghi, nadar y guardar la ropa

Luis Moreno
Profesor de Investigación del Instituto de Políticas y Bienes Públicos (CSIC)

Draghieuro



Nunca se ha ponderado lo suficiente la actuación del Gobernador del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, en la evitación de la destrucción del euro. La desaparición de la moneda única habría supuesto de hecho el final del sueño político europeo. Podrá aducirse, una vez más, que es esta una visión materialista que sólo interesa a la Eurozona de los 'mercaderes'. Se olvidan tales apreciaciones que el gran valor social y político del euro es el de haberse constituido como el principal símbolo tangible de una unidad institucional europea de la que no se ha descolgado el Reino Unido.


Y es que conviene recordar que los británicos no se han descolgado, sencillamente porque no formaban parte de la moneda única ni de la Eurozona. Así sucede con otros países candidatos a adoptar el euro, como Hungría. Allí se desarrollan también indeseables eventos políticos, según la conducta de su primer ministro Viktor Orbán, el cual somete a una permanente coacción y chantaje a las autoridades comunitarias con el posible abandono húngaro de la UE y el cambio de alianzas geopolíticas con la Rusia de Putin. Después del Brexit -sea en versión 'blanda' o 'dura'-- el abandono magiar no supondría ningún drama mayor. Más bien podría considerarse como un alivio y un fortalecimiento de la UE frente a las excrecencias autoritarias, populistas y xenófobas. Eventualmente se confirmaría ante la opinión pública mundial la convicción de que Europa rema en modo consistente y sin flaquezas hacia su unión más estrecha de la mano de sus cuatro grandes socios demográficos: Alemania, Francia, Italia y España.


Recuérdese que en el verano de 2010 el euro se vio sometido a todo tipo de ataques, implícitamente 'tolerados' por los grandes capitales residentes en las plazas bursátiles de la renta variable (City londinense y Wall St. neoyorquino). Fue el 6 septiembre de 2012 cuando el gobernador Draghi anunció un cambio histórico en la política monetaria europea al declarar solemnemente que el euro era un objetivo estratégico que debía ser preservado por encima de cualquier otra consideración. Con el programa 'Operaciones Monetarias Directas' (Outright Monetary Transactions) el BCE pasó a desempeñar el rol de prestamista de última instancia. La compra de deuda pública pudo hacerse en el mercado secundario comprando los títulos a propietarios como los bancos, los cuales habían acudido a las subastas del mercado primario posterior a la emisión de los títulos públicos. Con tales actuaciones el BCE entró en el propio juego de los mercados. Al aducir el recurso a cantidades ilimitadas de dinero, el BCE dio un golpe de autoridad ante los especuladores.


Draghi respaldó su compromiso previamente anunciado en julio de 2012 de implementar cualquier medida a su alcance para preservar al euro. La suya, ciertamente, no era una posición personal sino que había sido respaldada por el Consejo de Gobierno del Banco, compuesto por un Comité Ejecutivo con el propio Presidente, el vicepresidente y cuatro miembros, todos ellos designados por el Consejo Europeo por votación con mayoría cualificada y por los gobernadores de los bancos centrales de los países de la Eurozona. Su postura enfatizada mediáticamente cortó de raíz los intentos de desestabilización del proceso financiero de la Europeización, pese a las reticencias alemanas. Desde entonces, el Gobernador Draghi ha insistido recurrentemente no sólo en sus propuestas en pos de la consolidación fiscal y la aplicación de reformas estructurales, sino en los más sustanciosos avances relativos a las uniones fiscal y política.


Frente a las iniciativas de Draghi y el BCE, se articuló una fuerte oposición interna ejercida por Jens Weidmann, gobernador del Bundesbank, el cual se mostró incomodo con el anuncio de compras ilimitadas de bonos soberanos de los Estados miembros de Eurogrupo en dificultades. Resulta que ahora se ha sabido que las cosas no han ido tan mal para el país teutón, sino más bien todo lo contrario: el banco central alemán se ha ahorrado en los últimos 10 años unos 240.000 millones de euros. Para una comprensión comparativa de nuestros lectores, dicha cantidad se aproxima a lo que cuesta mantener nuestro Estado del Bienestar español al año (pensiones, sanidad, educación, servicios sociales y administración). No es una suma menor, ni siquiera para la todopoderosa economía germana.


La propia institución que preside Weidmann, en un informe publicado hace unos días, reconoce que la combinación de tipos en mínimos históricos y la compra masiva de deuda ha permitido que, desde el inicio de la crisis en 2008, los 19 países de la eurozona hayan dispuesto de un billón de euros suplementarios, lo que equivale al 9% del conjunto de su PIB. Ahora todos los países beneficiados alaban las decisiones del BCE personificadas en su gobernador Draghi. El banquero italiano podrá ser sustituido en 2019. Weidmann, anteriormente su crítico más feroz y ahora 'valedor' del rumbo monetario del BCE podría postularse como su sucesor con el apoyo del muy influyente Wolfgang Schaüble, ministro alemán de finanzas. La previsible victoria de la Canciller Merkel en las próximas elecciones del 24 de septiembre podría insuflar fuerza al candidato teutón.


Como no podría ser de otra manera, el discurrir de los acontecimientos políticos en Alemania condicionará el desarrollo futuro de la política monetaria y financiera de la Eurozona. Las última críticas a Draghi respecto a su favorable disposición respecto a los bancos fallidos italiano (Veneto Banca y Banca Popolare di Vicenza), para su rescate con dineros públicos de los contribuyentes italianos (y en última instancia europeos), frente a la resolución de la compra privada del Banco Popular por el Banco Santander, persiguen subrayar un supuesto favoritismo 'nacionalista' de Draghi respecto a los persistentes problemas bancarios italianos. Sin perjuicio de una inevitable afinidad de quien en su momento fue Gobernador del Banco de Italia (2006-2011), es incuestionable que su pericia en el manejo de la máxima institución bancaria europea le acredita como un formidable activo en el proceso de salvaguarda continental frente a los intentos de la 'anglobalización' para hacer descarrilar el proyecto europeo. Sus maneras sobrias y discretas no esconden su determinación y apoyo a la causa de la Europeización. Un excelente ejemplo de lo que antes se conocía como 'nadar y guardar la ropa'...



Artículo publicado originalmente en Galiciapress

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