Tiempos de aceleración histórica

José Miguel Villarroya

RajoyPuigdemontRey

Mariano Rajoy, Felipe VI y Carles Puigdemont en una imagen de archivo.


Hace tiempo que no escribo sobre Cataluña, y la verdad no tenía intención de hacerlo, ya que es un tema que me interesa poco o más bien nada. No obstante he creído interesante hacerlo desde una reflexión de la filosofía de la historia, motivado por el desencanto que me produce lo que veo estos días en tierras catalanas, pero también en el resto de España, junto a la decepción de ver a la izquierda subsumida en discursos identitarios y a viejos compañeros enfrentados, no por ver quién es más "revolucionario" si no quién más nacionalista de un lado u otro.


La Historia se desarrolla normalmente en lo que se llama tiempos largos, años en los que todo transcurre sin grandes sobresaltos, en los que parece que la historia ha terminado; pero de golpe acontece un hecho que pone en cuestión todo y se entra en los llamados tiempos cortos, tiempos en que la Historia parece transcurrir a ritmo acelerado, la llamada aceleración histórica, en que se producen crisis sistémicas y que al final de las mismas varias cosas han cambiado.


En los tiempos cortos es donde se plasma con más agudeza la dialéctica hegeliana, o como afirmaba Gramsci donde lo viejo y lo nuevo luchan por la hegemonía. Bien, el tema catalán se inscribe dentro de esta crisis, que si bien se desarrolla en España tiene alcance europeo; y es que toda Europa está en crisis: Brexit, aumento de la ultraderecha, países con democracias totalitarias como Polonia y Hungría, etc. Si bien es verdad, que el envite catalán es el que con mayor claridad pone todo en cuestión.


Las épocas de crisis sistémicas terminan de dos maneras: o bien triunfa lo "revolucionario", que en el caso que nos ocupa no sería la independencia de Cataluña, que no la habrá, si no la caída o fuerte transformación del llamado régimen del 78 y por ende de la UE como la conocemos ahora; o triunfa la "reacción", es decir, mantenimiento del status quo pero con fuertes medidas coercitivas, o bien una solución "gatopardiana" con un pacto para que nada cambie, si bien con apariencia de que sí lo ha hecho.


En el caso que nos ocupa, como las dos facciones están lideradas por la pequeña burguesía, y ésta, como decía Marx, y nos enseña la Historia, es reaccionaria; me inclino por la solución "gatopardiana", aunque quizás me equivoque. Una cosa si está clara, cuando todo termine, habrá estructuras y actores que habrán desaparecido; y lo principal habrán ganado los que ganan siempre y habrán perdido los que perdemos siempre. Nos tocará a las clases populares pagar la fiesta burguesa, tanto en recortes económicos, como en recortes de libertades. Y la izquierda en babia. Me acuerdo de Margaret Thatcher.

Sin comentarios

Escribe tu comentario




No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.


Más autores
Opinadores
Leer edición en: CATALÀ | ENGLISH