Puigdemont: "En martes, ni te cases ni te embarques"

Carmen P. Flores

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Carles Puigdemont en una imagen de archivo.


La mitología está implantada en la sociedad como algo habitual en la vida cotidiana de las personas. A algunos pueden que no les guste o rechacen esta afirmación, pero si miran a su alrededor, si analizan todo lo que les s rodea, los elementos mitológicos les envuelven sin darse cuenta. Solo es cuestión de hacer un alto en la actividad diaria y reflexionar sobre todo. Seguro que esta afirmación no es gratuita.


Este martes, el president de la Generalitat de Catalunya, Carles Puigdemont está decidido, si algo o alguien no lo remedia, a declarar la independencia de Catalunya. Lo hará en sede parlamentaria, donde la mayoría independentista votará favorablemente a su propuesta. Son habas contadas a no ser que algunos diputados del PDeCAT se sacrifiquen por el país y no sigan las directrices de su partido y voten en contra de la declaración. ¿Será así? Nada es imposible aunque no parece probable.


"En martes, ni te cases ni te embarques" dice un refrán popular que no es de esta época sino que se remonta a muchos siglos atrás. Este día era considerado como un día aciago y nefasto, dando lugar a esta creencia supersticiosa a numerosos refranes a lo largo de la historia.


Según los entendidos, la mala fama del segundo día de la semana se debe a que en época romana, ese día estaba consagrado a Marte, el Dios de la guerra en la mitología romana y era considerado un día de mal agüero para emprender algo importante.


El rechazo al martes también se remonta a los griegos, pues para ellos, este día era de mala suerte ya que tenían la creencia de que los martes estaban vinculados con Ares, el Dios de la Guerra en su mitología.


Dicho lo cual, conociendo que el martes es un día que trae mal fario, bien haría Puigdemont en no tentar al diablo, por mucho que la jerarquía eclesiástica le esté rociando con agua bendita. Tampoco debe menospreciar la gran manifestación de este domingo, que llenó la Vía Laietana   cuyos ciudadanos no tomaron parte en el referéndum ilegal del pasado día 7.


La sociedad invernada ha despertado y el presidente de la Generalitat no debe obviarla. Tampoco las llevadas a cabo en toda España en las que se ha pedido que Catalunya no puede independizarse.


La mitología nacionalista tiene como fecha mágica la Diada del 2012 cuando Artur Mas se convirtió al independentismo. Cogió su barco denominado locura y prometió llevarlo a Ítaca sabiendo que el barco no tenía las condiciones para navegar en aguas revueltas.


Puigdemont lo tiene difícil por muchas cosas,  pero que no se deje llevar por el canto de sirenas cuperas y que se acuerde de Ulises. Si es necesario que le aten al palo de la cordura pero que no caiga en la tentación, que puede ser no solo su ruina, sino la de Catalunya. 

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