​Valle-Inclán sube al tranvía

Miquel Escudero

Ramu00f3n Maru00eda del Valle Inclu00e1n, de Audouard

Ramón del Valle-Inclán, autor de 'El tranvía'



Autor de novelas como el 'Tirano Banderas' o la serie ‘El Ruedo Ibérico’ y esperpentos como la teatral 'Luces de Bohemia', el escritor gallego Ramón del Valle-Inclán es uno de los grandes literatos del siglo XX. Independiente y crítico escribiría que “en España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo”, pero siempre estimó lo español cuando manifestaba talento. Tengo aquí un volumen con colaboraciones de prensa suyas. Destacaría la titulada ‘El tranvía’, publicada cuando tenía unos 25 años. Revela el valor y el alcance de una admiración:


Se paseaba por la Puerta del Sol, “como un eterno desocupado que imagina trazas para matar el tiempo, cuando acertó a pasar por mi lado, andando muy de prisa, un viejecito que montó en el tranvía de la calle de Hortaleza”; al verlo se volvió, “con más prisa que si aquel anciano fuese una mujer hermosa, y monté tras él. Era el caballero de menos que mediana estatura, con ojos negros, muy vivos –ojos todavía de muchacho- y perilla, bigote y guedeja de plata. Notó que yo le miraba, y, sonriendo, como persona a quien aquello no causase extrañeza, me preguntó: -¿Qué le pasa a usted para que tanto me mire, joven? No deseaba yo otra cosa que entablar conversación con el caballero; así fue que, descubriéndome con respeto, contesté: -Es que reconozco en usted a D. José Zorrilla. Una señora que iba sentada al lado del poeta, volviese, fijando en él una mirada profunda, llena de extrañeza, que parecía decir: ¡Cómo! ¿Este viejecito es el autor de ‘Don Juan Tenorio’? Zorrilla se atusó el bigote con ingenua vanidad. –Sí, yo soy Zorrilla. Muchas veces en la calle me saludan gentes a quienes en mi vida he visto…”.


En 1908 escribió algo que habla por sí solo: “Necesito ser franco. Yo empiezo por creer que no hay nada tan ridículo como un discurso, cuando se tiene la pretensión de ser oído y atendido por los intelectuales de España. Si el aplaudido orador del ‘trust’ de las izquierdas escribiese unas cuantas páginas bien meditadas y las lanzase a la publicidad marcaría un rumbo nuevo y merecería un poco de consideración por parte de la juventud esquiva a la política. Pero mientras siga haciendo de sacamuelas progresista, hemos de mirarle como a un payaso sentimental”. La primacía de tener criterio.

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