Exfiscal venezolana denuncia que huyó de su país tras sufrir presiones del Gobierno

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Derechos de los refugiados

Romina Pulido salió en un bote de su país. 


La experiencia de Romina Pulido Aletti demuestra que la vida puede dar giros dramáticos e insospechados, que una persona con formación, que ocupaba puestos de responsabilidad en la Administración del Estado e impartía clases en las mejores universidades puede de verse, de la noche a la mañana, despojada de todo.


En su caso, el detonante de la desgracia fue el cumplimiento estricto del deber como fiscal nacional para temas de anticorrupción, algo que le llevó a destapar una trama en la que había implicada “media asamblea legislativa”, con gente del chavismo y de la oposición. 


Varias llamadas, entre ellas la del vicepresidente del Gobierno, para presionarla en el sentido de que abandonara el procedimiento le hicieron ver que “su cabeza tenía precio”. 


Salió en un bote hacia Trinidad Tobago, primera escala de un viaje precipitado que pasó por Curaçao, Amsterdam, París y, finalmente, Barcelona.


La vida en la capital catalana tampoco fue un camino de rosas. “Pensé que la adaptación sería más sencilla, que, como hablaba el idioma y tenía estudios, me sería fácil encontrar un trabajo”. 


Esta expectativa no se cumplió. “Prácticamente todo lo que había estudiado y había hecho se perdió. Para mí, ha sido muy fuerte, dejar mi vida, mi tranquilidad, unos padres a los que sabes que ya no vas a volver a ver”.


SESIBILIDAD POR LOS REFUGIADOS


Por eso, esta jurista asilada en España, reclama sensibilidad hacia la causa de los refugiados. “A cualquiera le puede pasar, yo tenía mi vida hecha y, de golpe lo perdí todo. Te conviertes en un delincuente por el hecho de tratar de hacer lo correcto. Me ha costado muy caro, pero lo volvería a hacer”.


Pulido Aletti, que ha hecho estas consideraciones en una jornada sobre el derecho de los refugiados organizada por la Universitat Abat Oliba CEU en el marco de sus estudios de Derecho y Ciencias políticas, también ha expresado su preocupación por la situación de Venezuela. 


“Para los venezolanos, de una forma u otra, lo que está pasando es una guerra, aunque no le den ese nombre. Te pueden matar por un par de zapatos”.


CÁRITAS DIOCESANA


En la mesa redonda ha participado también la responsable del programa de Migración de Cáritas Diocesana de Barcelona, Imma Mata


Ésta ha comenzado su intervención recordando que, cuando concede asilos, el estado no realiza un acto de solidaridad sino que cumple “con su obligación”.


Pese a la existencia de estos compromisos, plasmados en instrumentos jurídicos como la Convención de Ginebra o el Sistema Europeo Común de Asilo, “el estado español es muy restrictivo a la hora de conceder el estatus de refugiado”. No obstante, la ponente también ha señalado que la ratio de asilos concedidos ha subido a raíz de la multiplicación de solicitudes de personas venidas de Siria.


Tampoco comparte Mata la filosofía de las pautas que el estado marca a las entidades sociales a las que ha delegado la acogida y al acompañamiento de los refugiados. 


A su juicio, el itinerario de integración diseñado por las autoridades estatales prevé que el refugiado alcance su autonomía en un lapso de tiempo poco realista, por lo breve. 


“Nosotros no creemos en esta manera de trabajar con las personas. Creemos en procesos no en plazos. Queremos ayudar a los refugiados, pero ése no es el modelo en el que creemosy por eso no formamos parte del plan estatal”, ha subrayado.


Mata cree que no hay que establecer distinciones entre refugiados y el resto de personas que necesitan ayuda


Si bien es cierto que los refugiados tienen una situación específica a la que se ha tratado de atender con un pionero programa de mentoría, realizado por encargo de la Generalitat


El proyecto piloto comenzó a funcionar el pasado verano con cinco familias sirianas y dos de Ucrania.


El coordinador del Comité para la Acogida de las Personas Refugiadas de la Generalitat de Catalunya, Àngel Miret, ha profundizado en la problemática singular que presenta la persona refugiada. 


“La perspectiva vital de un refugiado es muy diferente a la de un inmigrante que cambia de país por el deseo de trabajar y ganar dinero. El refugiado necesita otra estructura de intervención”. 


El refugiado suele venir “con la vida destrozada y tienen un trauma que se manifiesta en el llamado paréntesis vital”.


A juicio de Miret, para normalizar la situación de estas personas hay que incidir en tres campos: “lengua, socialización y búsqueda de trabajo e información”. 

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