​¿Y tú de quién eres?

Carlos García-García
Doctor en psicología y psicólogo clínico

Psicologu00eda


El ser humano necesita nombrar y clasificar el mundo, es su modo de controlarlo. 'Man gave names to all the animals', cantaba el Nobel Dylan; '¿Y tú de quien eres?', cantaban los de No me pises que llevo chanclas.


De vez en cuando, los pacientes nos preguntan qué tipo de psicólogos somos, es decir, conductistas o psicoanalistas. En realidad, esta distinción no es tan crucial como parece. Más allá de mis preferencias, conozco tanto a conductistas como a psicoanalistas que dicen y hacen cosas interesantes y otros, auténticas tonterías. No me ocuparé aquí de los cientos de islas que derivan de estos dos grandes continentes, cada una con sus teorías y prácticas más o menos particulares. Tampoco me ocuparé de aquellos que se denominan eclécticos, que dicen comulgar con ambas tendencias pretendiendo repicar e ir a la procesión cosa que, como es sabido, es imposible.


Más que la orientación teórica, considero importante distinguir si el psicólogo o psiquiatra es creyente o crítico respecto de ella. Me explico.


No dejo de sorprenderme cuando leo o escucho a algunos psiquiatras biologicistas que aseguran ciegamente que los trastornos mentales tienen tal o cual causa cerebral y que se “curan” con determinado fármaco, como si de una infección se tratara; o a ciertos psicólogos conductuales que afirman sin pudor que sus técnicas y generalizaciones están avaladas por la ciencia. El mismo efecto “ojos como platos” me producen algunos psicoanalistas cuando proclaman sus “verdades” sobre el inconsciente, la pulsión, el complejo de Edipo, etc. 


Unos y otros representan un idealismo que actúa como las orejeras de las bestias de carga, impidiéndoles ver más allá de sus propias narices.


Como la religión, que ofrece ideas míticas para combatir la angustia ante lo que no tiene explicación, desde uno y otro lado del espectro “psi” se predica sobre el neurotransmisor o el inconsciente, “verdades”a las que se aferran fanáticamente los creyentes.


Sin duda, no es igual que el psicólogo tenga una tendencia objetivista o subjetivista ya que de ello dependerá en buena parte su forma de entender y trabajar con sus pacientes. No es lo mismo, por ejemplo, observar que escuchar un síntoma psicológico, pretender eliminarlo sin más mediante pastillas o técnicas que intentar entender qué hay detrás de él y qué función tiene para el individuo que lo padece.


Pero, como se ha dicho antes, en lo que más debería fijarse el paciente es si su psicólogo es un creyente o mantiene su independencia crítica, si cree en “verdades” preestablecidas y generalizadas o, por el contrario, decide lo que tiene sentido en y para cada problema particular. Podrá percibir esta diferencia en las primeras entrevistas, junto con otras características que conforman el estilo particular de cada profesional que, al fin y al cabo, es lo que condicionará en gran medida la relación terapéutica y, por tanto, el curso del tratamiento.


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