Cualquier cosa... ¿quieres decir?

Pilar Gómez
Psicóloga clínica y psicoanalista

Recurso autobuses


El domingo 11 de diciembre bajaba de Berga hacia Barcelona en bus, el último festivo de un puente larguísimo. ¿Había un dispositivo listo para dar servicio a tantos viajeros como era previsible que habrían dada la fecha? Nada de nada.

Nada de sorprender. La compañía da un servicio lamentable, escaso en horarios y con itinerarios surrealistas. Hay pocos buses, nada confortables y no muy limpios.


Aquel domingo era excepcional por el puente, lo que no es excepcional es que la compañía -Alsa- deje pasajeros en el suelo y con un palmo de narices. La compañía recibe subvenciones del gobierno para efectuar el mal llamado servicio de transporte de pasajeros.


El vehículo quedó lleno en Navàs cuando una chica terminó ocupando un traspontín delante de todo, junto al chofer, no cabía ni una aguja.


Él fue deteniendo el vehículo en cada parada posterior, soportando con paciencia las expresiones exasperadas de la gente que tenía que quedar en el suelo, gente hastiada de ser maltratada de forma sistemática por los responsables de la compañía de transporte, gente que ve impedido su derecho de viajar, gente que llegará tarde allí donde contaba llegar a tal hora: se perderán trenes, haremos tarde al trabajo, o a una cita, encontraremos la tienda cerrada, la canguro no se podía quedar hasta tan tarde, no tengo las llaves del piso y Jaume ya habrá ido y tiene el móvil desconectado, no tendré tiempo para dormir un rato, ya habrá comenzado el partido...


No es excepcional, he cogido durante años el bus de martes a las ocho y media de la mañana y he visto quedarse en tierra a gente en Sallent y Balsareny unas cuantas veces.


Ese día, en Sallent, el bus no acababa de arrancar, los pasajeros lo tomamos con paciencia, los minutos pasaban pero... Y una chica se levantó para ir a ver que pasa -hay una mujer sentada en la puerta del bus, dice que no se moverá hasta que no le lleven otro autobús-. Mientras el conductor abrió las puertas y un par de señores grandes aprovecharon la ocasión para ir a dar una vuelta muy oportuno por detrás los árboles de la parada.


Avancé por el pasillo, quería hablar con aquella mujer. Por berrinche que extendido -que se comprendía- ¿por qué lo hacía lo si los perjudicados éramos los pasajeros? Ella sabía que en ningún caso éramos responsables de las carencias de servicio del Alsa.


QUEJAS


Hablar resultó imposible. En el suelo, había cuatro personas desesperadas que me gritaban mientras hablaba con ella. Pasajeros frustrados, indignados, quemados, con todos los motivos del mundo para estarlo, personas del todo agravadas y convencidas entonces de la justeza de nuestra retención y del secuestro del bus, personas necesitadas de creer que aquella respuesta desesperada constituía un ataque a la compañía. Gritaban. Una mujer -¡NO HAY DERECHO! ¡ESTOY ENFERMA! ¡TENGO UNA DISTROFIA MUSCULAR!-, un hombre joven -¡BAJA! ¡VENGA! ¡BAJA AQUÍ! -otro hombre -¡SIEMPRE ES IGUAL, CADA SEMANA! ESTA GENTE NO TIENEN VERGÜENZA..! - señalando al conductor.


Conductor y compañía no son sujetos equivalentes ni tampoco intercambiables. -Este señor no es la compañía, es un trabajador y al que está perjudicando es a nosotros. A la compañía tanto le da que pare el bus... Lo que está haciendo no está bien-.


Algunas personas se exclamaban de que no vinieran los mozos. Al final llegó fue una amable pareja de la policía municipal que parece que multó la mujer que obstruía la salida y -los minutos pasaban ... - consiguió, finalmente, deshacer el motín.


Todo ello cincuenta minutos de retraso, cincuenta minutos sustraídos de los planes para ese domingo que cada uno hubiera hecho.


Pasillo arriba los pasajeros -disgustados, molestos, algún discretamente irritado, otros inexpresivos- hacían paciencia. Hubo un par que se manifestaron identificados con el secuestro -yo lo comprendo, es un mal rollo cada domingo igual, dijo una chica- y un hombre alrededor de los cuarenta, se añadió -algo tenemos que hacer...- y ..? ¡quizá tendremos que quemar algún PORQUE NOS HAGAN CASO..! -.


Comprender los motivos de exasperación de una persona no debería ser equivalente a aprobar que haga cualquier disparate para manifestarse, pero quien no lo entiende es que no lo puede entender.


"Algo tendremos que hacer", ahora bien: ¿"algo" es sinónimo de "cualquier cosa"? Algo no es sinónimo de cualquier cosa, parece evidente, pero hago constar que no es ninguna expresión infrecuente. La he oído decir a padres y madres, maestros en ocasiones de conflictos gruesos en las aulas o en casa. Siempre hemos sacado provecho de desactivar la confusión entre "algo" y "cualquier cosa" para ir a encontrar la que hay que hacer. ¿Qué hacer? Qué queremos obtener?


Se lo podría haber dicho, pero visto el clima explosivo de la puerta y el cariz que tomaban algunas cosas sobre qué habría que hacer -un mili segundo demasiado tarde para haberle espetado: y el bus lo quema con la gente dentro o fuera...? - seguí caminando por el pasillo hasta llegar a mi asiento informando, de paso, del estado de la cuestión a la gente que me lo pedía.


Ser conducidos por el imperativo "hay que hacer algo", sin distinguir si la tal cosa es estúpida, inútil, perjudicial etc. o todo, y más aún, denota -siempre que se plan- poca capacidad en esa situación para aplicar el razonamiento a la comprensión del problema, falta de inteligencia, vamos. Lo más sencillo es dejarse llevar por el viento dominante en nuestra cultura, seguir la estela más lucida y aparente: Yo por encima de todo, que es lo que hizo aquella mujer.


Dicho esto, tampoco es de sorprender que cualquier decida, en un momento dado, tirar por: todo el mundo sabe que vivimos en un país donde se han consentido cosas tales como que una cuarentena de individuos hayan cortado la línea del ave durante horas , o que otros grupos de individuos organizados -igualmente respetuosos con los derechos de los otros- hayan disfrutado de la misma impunidad para restañar el tráfico en autovías y autopistas, impidiendo así el ejercicio del derecho que tenemos las personas de ir y venir libremente, es decir de hacer nuestra soberana voluntad. De todo se sacan ejemplos.


¿QUÉ QUEREMOS?


¿Qué queremos? Un servicio digno: horarios, itinerarios, buenas condiciones de los autocares.


¿Quién lo tiene que defender? Nuestras autoridades que por algo nos representan.


Oi que sería bonito que alcaldes y alcaldesas -todos y todas sin excepción, del Berguedà entero- se plantaran ante Alsa -que está subvencionada por el Gobierno- y exigieran un servicio -con horarios, itinerarios y buses en buenas condiciones- ¿que nos respete como usuarios?


Todas y todos unidos en la exigencia -a partir de ahora mismo- y en la defensa de nuestro derecho a disfrutar de un buen transporte público. ¿No sería bonito?


Y si sí: ¿Les harían caso?


Esto aún sería más bonito.


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