​Saint-Exupéry y la conciencia de mil silencios

Miquel Escudero

Tierra de los hombres


Nacido en Lyon el año 1900 (cinco años antes, los hermanos Lumière habían rodado allí su primera película), Antoine de Saint-Exupéry murió con 44 años, derribado su avión en una misión militar, durante la Segunda Guerra Mundial. De joven, quiso entrar en la Escuela Naval, pero no pasó las pruebas. Con 20 años de edad hizo el servicio militar en Aviación y de este modo inició su experiencia como aviador. ¿Alguien ha leído algo de él?, pregunto en clase. Unos cuantos alumnos levantan el brazo, han leído (o han visto la película) 'El principito', su gran éxito, publicado en 1943 con sus propias ilustraciones. Doce años antes, su libro 'Vuelo nocturno' fue premiado y tuvo particular resonancia, dándole a conocer como autor. El libro suyo que hoy traigo aquí es 'Terre des hommes', “la tierra –dice- nos enseña mucho más de nosotros que todos los libros. Porque ella nos aguanta. El hombre se descubre cuando se topa con el obstáculo”.


En su boca, la frase “el desierto soy yo” no es una excentricidad, sino que es el reconocimiento de nuestros límites y de que en alguna manera somos el paisaje que contemplamos con embeleso o tal vez con sufrida obsesión. Para este aventurero es preciso tomar conciencia de nosotros mismos y del universo, y el avión es útil para tal misión. El sentido de un silencio hecho de mil silencios. En 'Tierra de los hombres' es manifiesta su preocupación de que no se olvide la condición humana; téngase presente que es un escrito de 1939, el fin de nuestra guerra y el principio de la conflagración mundial. “Ser hombre es precisamente ser responsable. Es conocer la vergüenza frente a una miseria que no parecía depender de sí”. Admirable finura de espíritu.


Saint-Exupéry parecía tener claro que “trabajando solo por los bienes materiales, nos construimos nuestra propia prisión”, por esto invocaba el despertar del músico dormido o del poeta o del astrónomo que acaso nos habitara antes. 


Su idea reiterada es que sólo seremos felices, por pequeño que sea su grado, cuando tomemos conciencia de nuestro papel, incluso del más gris. Una misión de superación. Y que “sólo entonces podremos vivir en paz y morir en paz, pues lo que da un sentido a la vida da un sentido a la muerte”. Y, sin embargo, en la muerte de un hombre, un mundo desconocido muere. Ya veis para qué sirve el ‘filosofar’… 

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