​Cómo medir la inteligencia de las ciudades

Pablo Rodríguez Canfranc
Economista

Smartcity


El concepto smartcity marca un antes y un después en la gestión de los núcleos urbanos. A grandes rasgos implica utilizar la tecnología para mejorar el funcionamiento de los servicios de que gozan los habitantes, partiendo de los principios de eficiencia y ahorro de costes. 


Pero es algo más, también hace referencia a un nuevo marco de relaciones del ciudadano con su entorno que pretende mejorar la calidad de vida en los núcleos de población.


Para convertir una ciudad en inteligente hace falta coordinar las acciones de distintos agentes (gobiernos, empresas tecnológicas, ciudadanos, inversores, etc.) que trabajan individualmente para que lo hagan en la misma dirección. 


Además, la multitud y variedad de aspectos que entraña hace que sea muy complejo definir con precisión la smartcity y establecer su grado de desarrollo.


¿Qué podemos concebir como una smartcity y qué no? Si cotejamos distintas definiciones existentes, todas tienen en común el protagonismo de las tecnologías de la comunicación, pero aparte de eso, algunas hablan de “sistemas de sistemas” (MIT), otras se centran en la prestación de servicios (PwC e IE Business School) y otras en el desarrollo sostenible y la calidad de vida (AENOR).


Emilio Ontiveros, Diego Vizcaíno y Verónica López Sabater (Las ciudades del futuro: inteligentes, digitales y sostenibles, 2017) aportan dos definiciones operativas:


-Una ciudad intensiva en tecnología, con sensores desplegados de forma masiva y con servicios públicos eficientes gracias a la información captada en tiempo real por miles de dispositivos interconectados.


-Una ciudad que promueve una mejor relación entre ciudadanos y Administraciones públicas (gobiernos) sustentada en las tecnologías disponibles. El gobierno local confía en la interacción con los ciudadanos para procurar la mejora de la prestación de servicios, creando los mecanismos para obtener y difundir dicha información como son las iniciativas de Open Government y Open Data utilizadas por la sociedad civil para, por ejemplo, crear aplicaciones móviles o servicios para reportar incidencias.


Hace falta concretar qué es exactamente una ciudad inteligente y, sobre todo, poder “medirla”. La publicación de la Comisión Europea Mapping Smart Cities in the EU(2014) divide el concepto de smartcity en seis componentes:


-Smart economy (e-business, e-commerce): aquellos aspectos que contribuyen a que los negocios, las empresas y las relaciones comerciales sean más fluidas y eficientes.


-Smart environment: se basa en la optimización del uso de los recursos urbanos, como la energía o el agua.


-Smart government: una administración digital eficiente, abierta y transparente.


-Smart living: se trata de variables que miden la calidad de vida del ciudadano y el grado de cohesión social.


-Smart mobility: un sistema de transporte integrado intensivo en información, limpio y sostenible.


-Smart people: desarrollo de las habilidades digitales, empleos relacionados con la tecnología, educación y formación, sociedad inclusiva, creativa e innovadora; introducir, utilizar, manipular y personalizar los datos; toma de decisiones y creación de productos y servicios.


A partir de esta clasificación de la Comisión Europea, se pueden diseñar indicadores específicos, que ayuden a medir el grado de “inteligencia” de las ciudades, y estos deben ser

SMART (Specific/Measurable/Achievable/Relevant/Trackeable): específicos, medibles, alcanzables, relevantes y trazables. 

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