Ferran Busquets: "El éxito de Arrels es que haya gente que no tenga que preocuparse de dónde dormirá mañana"

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Ferran Busquets Foto de Juan Lemus, Raíces

Ferran Busquets, de voluntario a director de Arrels. Foto: Juan Lemus / Arrels Fundació


Ferran Busquets es director de Arrels desde 2012, pero años ya antes había sido voluntario de calle de esta entidad que atiende a personas sin hogar en Barcelona y que después de 30 años cuenta con cerca de 60 trabajadores y 400 voluntarios convencidos de que nadie debería dormir en la calle.


Arrels es una entidad de referencia en el mundo de las personas sin hogar y una de las cosas que remarcáis es el derecho a vivir con dignidad. ¿Es este uno de los objetivos?


Sí, nuestro objetivo es que la gente no viva en la calle y que tenga una vivienda digna. Hay ejemplos clarísimos, y es que cuando la gente tiene un piso, la gente se transforma. Una de las batallas en el tema de la vivienda es que, claro, muchas veces la gente se dice: 'eso de dar una vivienda a la gente que vive en la calle, yo también lo quiero'. Es un comentario que a menudo sale, pero... ¿por qué tienes que tener tú más derecho que una persona que está viviendo en la calle? Encuentro que es muy fuerte cuestionar esto. Hay muchos prejuicios, siempre que hablamos con alguien que no está vinculado en el mundo social, son siempre los mismos.


¿Por ejemplo?


'Las personas que están en la calle, en el fondo hay muchas que están porque quieren'. 'En el fondo, como cualquier cosa es mejor que está en la calle, pues bienvenida sea, cualquier solución ya está bien'. 'Si los tenemos que insertar al cien por cien en la sociedad, les tenemos que encontrar trabajo'. '¿Cómo es que dais alojamiento permanente, esto es paternalismo'. Estos son los estigmas más habituales.


¿Cómo de cierto es el tópico de que las personas que viven en la calle a veces lo que agradecen es hablar y cómo les afecta la soledad?


Estoy totalmente de acuerdo. Cuando llegué a Arrels oía cosas como 'ay estos ciudadanos, qué se piensan acercándose a la gente', o 'esos que bajan a repartir comida son ignorantes'. Mi opinión es que nadie sobra. Todas las personas que están haciendo acciones así, cuando uno es receptivo a esto, es por alguna razón, por lo tanto, creo que faltan iniciativas. Ojalá todo el mundo dijera 'hola' a la persona que está durmiendo en la calle al lado de su casa. Y ojalá todos llamaran para decir 'qué puedo hacer'.


Yo no sé si las entidades sociales somos expertas o no, sólo sé que de momento estamos fracasando, porque no estamos solucionando el problema sino que estamos poniendo parches, que son muy útiles para algunas personas determinadas, pero estamos fracasando por poner parches en la problemática. No estamos resolviendo la problemática. A veces oyes decir que no es nuestro trabajo, pero no estoy de acuerdo.


¿Sería tarea de todos?


Sin lugar a dudas, empezando por la ciudadanía. Yo creo que la ciudadanía debe implicarse, la gente, cuando ve a una persona durmiendo en la calle se tiene que indignar y se tiene que enfadar. No debería quitarle el sueño, porque eso tampoco es bueno, pero si debería incordiar.


En Arrels nos convertimos en una herramienta. No queremos que nadie ayude a Arrels, sino que quieran ayudar a la gente que está durmiendo en la calle y que Arrels sea una herramienta, un instrumento para el ciudadano con el fin de ayudar a las personas que están durmiendo en la calle.


Hace un año se inauguró el Piso Cero, una vivienda en la que duermen una decena de personas que no quieren ir a otros recursos más tradicionales. Se ha convertido en un caso de éxito, ¿por qué?


Yo creo que es el cero. Es una adaptación total a la persona que duerme en la calle. No es necesario ducharse, pueden beber, aunque se intenta que no beban demasiado. Hay un requerimiento mínimo, que es la convivencia, la no agresión. Yo creo que el éxito es adaptar el servicio a las personas constantemente.


¿Habrá más Pisos Cero en Barcelona?


Intentaremos que sí. Si salieran diferentes Pisos Cero, la gracia está en que se adaptara a las personas. Si un grupo de personas tiene menos dificultades, pues entonces puede ser otra cosa. Si hay un espacio que debe ser sólo para mujeres, se puede adaptar.


Muchas personas que viven en la calle tienen familias. Habrá todo tipo de casos, pero ¿podrían ser los más comunes que se avergüencen de que los vean en la calle, o han hecho sufrir mucho a los familiares?


Habría que hacer muchos estudios porque cada casa es un mundo, pero lo que está claro es que el tema familiar ha fracasado; es decir, yo antes de quedarme en la calle, haré algunas llamadas familiares, seguramente. Quizás con los padres no porque me llevo mal, quizás con los hermanos no porque me da vergüenza, pero probablemente siempre hay alguien a quien puedas acceder. Pero si no existe ese alguien, se acabó.


Las razones que te llevan a no hacer uso de la familia para salir de ella, son las razones que dificultan también volver. Ahora, hay familias que han sufrido mucho. No todos los que están en la calle son unos santos.


¿Como cualquier otro sector o colectivo?


Claro. Es que una persona que duerme en la calle es una persona que no tiene donde dormir. Hemos conocido a gente que después de separaciones han acabado en la calle. ¿Qué diferencia hay entre una persona pobre y una persona no pobre? Que hay gente que no puede llegar a fin de mes para pagar el alquiler, por ejemplo, y puede enviar un whatsapp a un familiar o un amigo para pedir dinero. Esto es la diferencia, a veces, entre la pobreza o no, los contactos familiares.


Uno puede tener esta solución y otro no, o no la puede utilizar para vergüenzas o por miedos o por lo que sea. Todos conocemos a alguien en nuestro entorno que, por suerte, ha tenido el apoyo familiar. En estas situaciones, ¿qué pasaría si este recurso familiar no estuviera? ¿Dónde acabaría? Una vez traspasas la línea de pasar a vivir en la calle, yo creo que el impacto debe ser muy bestia.


A menudo Arrels está en los últimos años o meses de la vida de la persona. ¿Cómo se digiere el acompañamiento en la muerte?


La gente que vive en la calle muere unos 20 años antes que el resto de la población, que no es exactamente la estadística de la esperanza de vida. Nosotros acompañamos para siempre, porque es muy difícil reconducir totalmente a la persona y recuperar la autonomía. Los acompañamos siempre, también cuando mueren. Se nos mueren veinte personas al año, en Arrels la muerte es muy habitual.


El acompañamiento a la muerte es muy importante porque es el final de la vida. Si el éxito es que la persona muera bien, bien acompañada, le ayudamos lo máximo que podemos, con afectividad.


También hay casos de personas que salen de la calle y consiguen una habitación o una vivienda.


Claro. Para mí, el éxito de Arrels es que haya gente que no tenga que preocuparse de dónde dormirá mañana. Que la gente que vive en la calle tenga esta tranquilidad es muy importante. A partir de ahí, debemos pensar en otros aspectos como el alcoholismo, la inserción laboral ... Si ya es difícil encontrar un buen trabajo, pues para la gente con estas dificultades, volver al mercado laboral es complicado. Una persona que ha pasado por la calle, que tiene miedos, que está muy tocada, que además ha tenido problemas con el alcohol, ¿qué tiene que hacer?


De hecho una de las tareas de trabajadores y voluntarios de Arrels es acompañarlos al médico, que tengan asistencia sanitaria.


Sí, a veces no saben qué día es, o están desorientados, o no gestionan la comunicación con el médico. Son vulnerables y frágiles, a veces puede ser parecido a acompañar a los abuelos.


Gracias a entidades como la vuestra se ha conseguido que 'aporofobia', fobia a las personas pobres, sea palabra del año para la Fundeu y forme parte de del diccionario. ¿Por qué existe esta inquietud?


La tarea es fruto de varias entidades. Hemos tenido papel en visibilizar, por una razón que es bastante estructural de Arrels: nosotros tenemos la misión de acompañar, sensibilizar y denunciar. Tenemos estas tres patas, hay entidades que tienen una o dos. Estamos obligados a dar voz, a criticar, a cuestionar, y la aporofobia es muy importante porque el 30 por ciento de las personas que viven en la calle han sufrido agresiones, y en el caso de las mujeres el 40 por ciento, y si hablamos de gente más vulnerable llega al 60 por ciento. Es una barbaridad. Es cobardía, porque está claro que los agreden porque los ven vulnerables.

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