Borges, fervor de Buenos Aires

Miquel Escudero

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Jorge Luis Borges en Buenos Aires


El cosmopolita escritor argentino Jorge Luis Borges tenía 24 años de edad cuando publicó su primer libro, el poemario ‘Fervor de Buenos Aires’; fue en 1923. En sus relatos, Borges gustaba de hacer ficción razonada. Era aficionado a las matemáticas, conocía la potencia de las paradojas de los conjuntos infinitos y era capaz de interpretar el ‘aleph’.


En ese primer libro de poemas hablaba de “esas luces dispersas que mi ignorancia no ha aprendido a nombrar”; “esas cosas, acaso, son el poema”. ¿Nos damos cuenta de nuestra ignorancia, de nuestras luces dispersas en el acontecer de la vida, de nuestra dificultad o es, acaso, ignorancia para escoger la palabra justa, con toda su carga de ecos y significados? ¿Sabemos lo que implica nuestra renuncia a expresarnos bien, es decir, con rigor? ¿Qué efecto tiene en nuestro vivir, en nuestra calidad de vida? Ahí quizá esté el secreto del valor de un poema, algo que nos parece tan extraño y ridículo.


La conciencia de que en cualquier hombre está Dios. “El muerto ubicuamente ajeno no es sino la perdición y ausencia del mundo”. Y siempre caminando en busca de cercanía y calor dirá: “Yo soy el único espectador de esta calle; si dejara de verla se moriría”. El valor del testigo, del único testigo que llegamos a ser, lo queramos o no. En su libro de poemas ‘Luna de enfrente’ escribe que “Mi humanidad está en sentir que somos voces de una misma penuria” y que “mi patria es un latido de guitarra, unos retratos y una vieja espada”. En su ensayo ‘Evaristo Carriego’ se hablará de la búsqueda del momento “en que el hombre sabe para siempre quién es”. ¿Me seguís? Bueno, no importa. Pensadlo, si os parece, luego. No creo que os arrepintáis.


Y para terminar por hoy con este sesudo escritor que soñaba y paladeaba palabras, en pos de revelaciones e intuiciones, os voy a leer esta frase: “No podemos concretarnos a lo argentino para ser argentino: porque o ser argentino es una fatalidad y en este caso lo seremos de cualquier modo, o ser argentino es una mera afectación, una máscara”. Una impostura. Una aparatosa rigidez. Esto creo que es válido más acá de los mares, ¿no os parece, queridos amigos?

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